Es necesario tener presente que Dios no nos concede siempre lo que le pedimos, sino lo que necesitamos
Pedir en oración es lo más fácil, pero no lo es todo. “El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy”. Esta curiosa frase representa a las peticiones, generalmente de cosas materiales que siempre hacemos. “Pan”, en este contexto, es una palabra simbólica que agrupa una gran variedad de necesidades que no incluye el orden espiritual. Es necesario tener presente que Dios no nos concede siempre lo que le pedimos, sino lo que necesitamos. Ese es precisamente uno de los ingentes problemas que tenemos con la oración. Parece que para nosotros, la circunstancia de orar no tiene otra razón que la de pedir algo. “…Y yo os digo: Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá” (Lucas 11:9).
Hay gente que piensa que las oraciones son como esas maquinitas automáticas a las cuales se les introduce una moneda y entregan una gaseosa o una bolsita de maní. Dios nos concederá sólo aquellas peticiones que satisfagan su voluntad; porque si el Señor nos concediera todo lo que le pedimos habría un caos en el mundo.
Pedirle algo a Dios es relativamente fácil. Una impresionante mayoría de cristianos cree que tenemos el derecho inalienable de recibir todo lo que le pedimos a Dios porque la Biblia dice: “Pedid, y se os dará” (Mateo 7:7). Nadie está negando que la Palabra de Dios enseñe eso; pero en ejercicio de sana interpretación bíblica, debemos recordar que el pedir siempre debe ser “de acuerdo a su voluntad”.




