Primeros principios de la economía bíblica (29 y 30), Vladimir Martínez

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El dinero, según los estándares bíblicos, es un artículo representativo, con preferencia al oro y la plata; y que la Biblia demanda el uso de pesas y medidas justas en los asuntos monetarios

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29. Afirmamos que el dinero es un medio por el cual intercambiar la propiedad y los servicios y por el cual se ordenan y comunican convenientemente las medidas de valor, que sirve como una reserva de valor en el ahorro para ser usado en el futuro; que como tal no debiese estar sujeto a la creación por decreto por parte de individuos o los gobiernos puesto que la creación por decreto del dinero devalúa la moneda en curso incrementando su suministro en lo relativo a la demanda, robándole así a la gente un monto igual al monto de la devaluación de su dinero; que para inhibir tal manufactura por decreto del dinero Dios proveyó misericordiosamente metales preciosos y escasos tales como el oro y la plata para ser usados como bases de sistemas monetarios; que por esa causa, el dinero, según los estándares bíblicos, es un artículo representativo, con preferencia al oro y la plata; y que la Biblia demanda el uso de pesas y medidas justas en los asuntos monetarios (Deuteronomio 25:13-16; Isaías 1:22; Proverbios 8:19).
Negamos que cualquiera, incluyendo a los gobiernos civiles, deba confiscar la riqueza a través de la inflación monetaria (Amós 8:4-6; Isaías 1:22), y que la inflación monetaria esté justificada por el deseo de algún gobierno civil de reducir el desempleo.

ÓRDENES DE RESPONSABILIDAD

30. Afirmamos que Dios ha establecido órdenes de responsabilidad en las esferas económicas de la vida; que los individuos capaces tienen la primera responsabilidad de cuidar de sí mismos; que cualquiera que se rehúse a trabajar no debiera esperar ser alimentado por otros; que las familias tienen la responsabilidad de cuidar de aquellos miembros incapaces de cuidarse a sí mismos; que la Iglesia y otras organizaciones voluntarias tienen la responsabilidad de cuidar de aquellos que sean incapaces de cuidarse a sí mismos cuando no haya cuidado disponible de parte de sus familias; y que la renuncia a esta responsabilidad significa abandonar al pobre al Estado y a otras instituciones, lo que invariablemente resulta en amenazas para la libertad y la propiedad (1ª Timoteo 5; 2ª Corintios 8-10; 1ª Tesalonicenses 3).
Negamos que cualquiera que tenga la capacidad, pero se rehúse a trabajar, tenga el derecho justo de ser sostenido financieramente por otros; que aquellos incapaces de trabajar no debiesen ver cómo sus necesidades son cubiertas por sus familias y, de ser necesario, por la Iglesia u otras organizaciones voluntarias; que los miembros de la familia cumplan sus responsabilidades para con Dios si se rehúsan a proveer lo mejor de sus habilidades para las necesidades de su familia; y que el gobierno civil reciba el mandamiento de Dios de proveer para las necesidades económicas de alguien aparte de hacer valer las leyes en contra del fraude, el robo y la violencia, y pagándole a sus empleados y contratistas.

Vladimir Martínez
Pastor, ingeniero estructural y politólogo

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