Dios, por creación y por decreto, es el Autor único de muchos tipos de riqueza espiritual y material, particularmente de la existencia tanto del individuo como la corporativa

1. Afirmamos que Dios creó libremente todas las cosas y tiene así el derecho y el poder para gobernar todas las cosas, espirituales y físicas, y que Él es el Dueño último de todas las cosas; que Dios exalta soberanamente a quien Él quiere y humilla a quien quiere; que todos los hombres son tenidos como responsables ante Dios en todas sus actividades; que Dios, por creación y por decreto, es el Autor único de muchos tipos de riqueza espiritual y material, particularmente de la existencia tanto del individuo como la corporativa, la existencia de materia prima, y la operación de leyes morales y físicas que gobiernan el universo físico y espiritual; y que Dios dispone soberanamente de estas cosas para Sus criaturas según Su voluntad (Salmo 24:1,2; Juan 1:1-3).
Negamos que Satanás, los ángeles o la humanidad posean alguna autoridad, poder, o derecho de propiedad sobre cualquier aspecto de la creación aparte de la delegación de autoridad limitada por parte de Dios; que los hombres no sean responsables ante Dios en sus actividades económicas; y que todos los hombres tengan iguales derechos a porciones iguales de esas formas de riqueza de las que Dios es el único Autor.
2. Afirmamos que Dios es Verdad y que es la Fuente de toda verdad, y que la Biblia es el único canal inerrante e infalible por el cual Dios comunica la verdad –tanto teórica práctica– al hombre; que en la Biblia Dios ha comunicado todas las verdades necesarias para la vida y la piedad, incluyendo los principios básicos para gobernar todos los aspectos de la vida humana; y que un sistema económico verdadero, consistente, justo y adecuado debe ser construido sobre la base de los principios Bíblicos (Hebreos 4:12; Salmo 119:142; Romanos 1:20; 2ª Timoteo 3:16, 17).
Negamos que la Biblia yerre en cualquier cosa que enseñe; que sea inadecuada para las necesidades del hombre para la vida y la piedad; y que se pueda construir un sistema económico verdadero, consistente, justo y adecuado sin sumisión a los requerimientos autoritativos y moralmente obligatorios de la Biblia.
Vladimir Martínez
Pastor, ingeniero estructural y politólogo




