Cuando las sociedades viven este “punto de quiebre”, hay un despertar espiritual profundo, que se convierte en el detonante y la inspiración para impulsar los cambios
“…Y pasarán por la tierra fatigados y hambrientos, y acontecerá que teniendo hambre, se enojarán y maldecirán a su rey y a su Dios, levantando el rostro en alto” (Isaías 8:21).
Las sociedades se agotan y desgastan cuando la decidía prevalece y se pierden las garantías del derecho y la justicia, y aquellos que las gobiernan se hacen de oídos sordos a sus demandas.
Las sociedades anárquicas, donde reina el caos colapsan y generan en sus ciudadanos una profunda hambre de cambio y transformación.
El fruto deja ver la capacidad de quienes ostentan el poder y al igual que en las monarquías de antaño, cuando las políticas del rey sólo generan decepción, cansancio y pobreza, el pueblo harto del hambre, la desesperanza y la desilusión, termina llenándose de indignación, coraje y valor para alza su voz para desechar a su rey junto a sus creencias y filosofías…
Cuando llegamos a este estado de hastío, se da un “punto de quiebre”, dónde los ojos dejan de ser puestos en el rey de turno y el rostro se levanta al cielo, para transferir la confianza al único, eterno y soberano Rey del Universo.
El Punto de Quiebre en una sociedad es el momento en que los ciudadanos ya no puede aceptar ni afrontar más la situación en la cual viven debido a demasiada presión o estrés.
Por esta razón, cuando las sociedades viven este “punto de quiebre”, hay un despertar espiritual profundo, que se convierte en el detonante y la inspiración para impulsar los cambios que lleven a dicha sociedad a un verdadero renacer…
Si esto describe la sociedad en la cual vives, aunque parezca paradójico, levántate, gózate y celebra porque estás a las puertas de ser parte y testigo de un “Punto de Quiebre…”.
Diego Ortiz
Pastor y comunicador
@ps.diegoortiz




