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Quiero oír tu voz, Julio Almedo

Siempre Dios nos quiere hablar, de hecho, siempre lo hace, pero somos nosotros los que no permitimos oírle

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Cuando decidimos emprender una actividad, un sueño o un nuevo reto; adoptamos una actitud de amor, empeño y compromiso firme, para enfrentar todos los contratiempos, vencer los obstáculos, con tal de lograr los objetivos propuestos. De igual forma, afrontar el anhelo de querer oír tu voz Señor, donde todo el esfuerzo a implementar para lograrlo debe ser una entrega sin condición. Estar decidido a enfrentar todas las adversidades y aprender a sobrepasarlos para poder recibir tus bendiciones. ¿Por qué, sí la oímos y no nos gusta?
Siempre Dios nos quiere hablar, de hecho, siempre lo hace, pero somos nosotros los que no permitimos oírle y mucho menos interpretar el mensaje por nuestro entendimiento y corazón, o simplemente no tenemos la debida compostura o actitud para hacerlo, y nos pueden pasar algunas vicisitudes, y para colmo terminamos cuestionando al Señor por qué nos pasan las cosas. Por lo tanto, resulta necesario identificar los aspectos significativos, a la luz de su Palabra, que debemos conocer para oír su voz y así no se conviertan en obstáculos que impidan ser llenos de sus bendiciones. Entre los principales aspectos podemos señalar:

  1. La Fidelidad: Este es un concepto muy amplio, pero así de grandes son las bienaventuranzas a recibir. Dios es fiel (1ª Corintios 1:9) y no espera menos de nosotros. Pero su fidelidad está basada en el amor (Jeremías 31:3) y no en un simple deber cumplir, va más allá de un compromiso formal. Ser leal y fiel, requiere disposición, entrega y a la vez soltar lo que no nos conviene, hacerlo por voluntad, sin importar el sacrificio. Dios nos tiene preparado algo mejor (1ª Corintios 2:9); solo debemos tener la esperanza de llegar a recibirlo, no porque sea algo merecido por algún mérito o por lo cual hallamos adquirido el derecho de tenerlo, solo por gracia.

Jesús vino a la cruz, para darnos vida eterna, perdón de pecados; mientras creamos en Él (Juan 3:16). Jesús lo hizo por amor (Romanos 5:8) y paso muchas aflicciones. No le dijo al Padre: “Ya hice lo que me pediste” (cumplir), ni mucho menos “dame lo merecido”. Esta fidelidad por amor nos lleva a tener hambre y sed de su presencia (Juan 6:35), en humildad a querer deleitarme (Salmos 37:4) y vivir en su sabiduría (Proverbios 1:7). De modo que podamos expresar “TU FIDELIDAD ES GRANDE” (Lamentaciones 3:23).

  1. La Oración: La oración tiene poder (Mateo 21:22) y abre muchas puertas. Dios no rechaza oración (Salmo 34:15), rechaza son las actitudes con las cuales queremos orar. Dios rechaza con qué corazón estamos queriendo orar. Dios no puede ser burlado (Gálatas 6:7). Para hablar con Dios, debemos hacerlo en humildad, pidiendo perdón por las ofensas cometidas, no solo decirles las faltas (pues Él las conoce), sino manifestar nuestro genuino arrepentimiento de culpa y no querer volver hacerlo de corazón, esto incluye pedir perdón al agredido, pedir perdón por mi falta y pedir perdón a Dios para que limpie estos pecados. El amor de Dios se encargará de todo, perdonaos los uno a los otros (Colosenses 3:13).

Para presentarnos ante el Padre, debemos tener un corazón limpio y puro (Hebreos 9:14), pues Dios no tiene comunión con el pecado, orando con sencillez (Hebreos 4:16), anhelando oír su susurro, perdonando toda falta a nuestros agresores, para que Dios nos perdone, por amor a sus hijos con fe y podamos oír su voz.
Dios no va a poner cargas que no podamos llevar (1ª Corintios 10:13). Si en algún momento de angustia no logramos oír su voz, puede ser que aún no estemos preparados para recibir todo el peso de gloria del mensaje en ese momento; coloquemos algo más de dedicación y esfuerzo, profundizando más en su verdad. Por el contrario, posiblemente haya oculto algo en el corazón o que a Él no le agrade, como falta de fe, por lo cual es imposible agradar a Dios (Hebreos 11:6).
Seamos sinceros con el Señor, Él nos quiere bendecir, grandemente. Soltemos todas las cargas y caminemos por fe en amor, únicamente por medio de su Hijo, Jesucristo; Él es el camino, la verdad y la vida, nadie viene al Padre sino es por Él (Juan 14:6). Confesemos de todo corazón que necesitamos y aceptamos a Jesús como Señor y Salvador, pídele que sane tus heridas, entrégale tus cargas, ríndete humildemente a sus pies en actitud de adoración, permite su guía espiritual en tu vida y prepárate para oír su voz, en el nombre de Jesús, amén.

Julio Almedo
Informático

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