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Refugiados africanos encuentran una nueva vida después de la tragedia

“Dios es poderoso, cuando oramos se mueve en el campo de lo imposible y lo hace posible”, dijo el líder del ministerio

(Christian Aid).-

Amadou (nombre cambiado para resguardar su integridad) huyó de su país africano natal con su esposa y sus dos hijas para escapar de los ataques yihadistas que pusieron en peligro la vida de su familia. Cruzaron el desierto del Sahara con la intención de llegar al mar Mediterráneo y, en última instancia, a Europa. Pero cuando llegó el momento de abordar el barco, la esposa de Amadou no pudo ir, y él y sus dos hijas se vieron obligados a dejarla atrás.
El agua helada se filtró en el barco abarrotado durante ese angustioso viaje de enero, y los pies de la hija menor de Amadou se congelaron. Su otra hija, de apenas ocho años, fue violada. Cuando llegaron a Europa, las piernas de su hija menor estaban negras y su hija mayor había entrado en estado de shock, incapaz de hablar o reaccionar ante cualquier intento de comunicación.
Un ministerio local de refugiados acudió en ayuda de la familia y trasladó a Amadou y a sus hijos al hospital. Pero el daño fue demasiado grande en las piernas de su hija menor, y fueron amputadas. Un coágulo de sangre también había viajado a su cerebro, lo que le causó un derrame cerebral y la dejó en coma. Cuando los médicos intentaron comunicarse con su hija mayor, ella miró a lo lejos.
Amadou creía que todo estaba perdido. No tenía forma de localizar a su esposa, y sus hijos se llevaron la peor parte de la pesadilla que la familia había soportado.
“Necesitábamos un milagro, bueno, varios milagros, en realidad”, dijo el líder del ministerio, y sus compañeros de trabajo cristianos comenzaron a orar por la familia ese día, pidiéndole a Dios su intervención.
Varios días después, la hija menor de Amadou salió del coma y comenzó a reaccionar a los estímulos. Amadou permitió que los obreros del ministerio llevaran a su hija mayor a la escuela dominical, y ella comenzó a hablar y leer historias acerca de Jesús. El ministerio también pudo localizar a la esposa de Amadou y reunir a la familia.
“Dios es poderoso, cuando oramos Él se mueve en el campo de lo imposible y lo hace posible”, dijo el líder del ministerio.
A medida que Amadou vio los cambios en sus hijos, comenzó a ver el poder de Dios y a confiar en Su mano en sus vidas. “Poco a poco van confiando en nosotros”, dijo el líder del ministerio, “y sabemos que pronto recibirán a Jesús, es obra del Espíritu Santo”.

LA LUZ DE DIOS BRILLA EN LA OSCURIDAD

Hamadi (nombre cambiado para resguardar su integridad) fue testigo del asesinato de sus hermanos y de su padre a manos de los yihadistas en su aldea africana. Cuando un yihadista le apuntó con el arma, su madre intervino. “Escapa de mi, hijo”, gritó. “Escapa y al menos uno de mis hijos vivirá”. Hamadi echó a correr. Mientras huía, escuchó el disparo que mató a su madre.
Hamadi sobrevivió durante seis meses en un país limítrofe hasta que pudo abordar un barco con destino a Europa. Pero 90 personas se amontonaron en una embarcación destinada a no más de 15, y después de solo un día en el mar, el barco se hundió, matando a docenas de personas, incluidas mujeres y niños.
De alguna manera, Hamadi sobrevivió y, cuando llegó a la orilla, encontró su camino hacia un ministerio de refugiados. Pero estaba atormentado por la culpa de haber vivido cuando tantos otros habían muerto, y apenas si miraba a los obreros del ministerio. A pesar de su renuencia a relacionarse con nadie, un hombre se convirtió en su amigo y lo ayudó a presentar los documentos legales necesarios, obtener ayuda médica y capacitarse para un nuevo trabajo.
“¿Por qué haces esto conmigo, por qué me ayudas y me muestras tanto amor?” —preguntó Hamadi a su nuevo amigo. El obrero del ministerio vio la pregunta de Hamadi como una oportunidad para compartir el evangelio. Le dijo a Hamadi que, al igual que su madre, Jesús pagó el precio de su libertad, sólo el sacrificio de Jesús fue pagado en la cruz por la libertad eterna.
El Espíritu Santo se movió en el corazón de Hamadi y lloró. Poco después, aceptó a Jesús como su Salvador y fue bautizado. Ahora se está entrenando para convertirse en un líder entre otros refugiados de su país.

EL PODER TRANSFORMADOR DEL EVANGELIO

Los ministerios de refugiados no solo ayudan a los refugiados a obtener las herramientas necesarias para el reasentamiento, sino que también construyen relaciones, ayudándolos a procesar el trauma de su viaje y compartiendo el amor de Cristo. Muchos refugiados que se convierten en creyentes pueden compartir el evangelio con la familia que dejaron atrás. “Esto está transformando algunos pueblos en África donde nunca habían oído hablar de Jesús”, dijo un líder del ministerio.◄

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