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“Sé fiel hasta la muerte y yo te daré la corona de la vida” El mensaje más necesario para la Iglesia hoy

En la prueba más que en ningún otro lugar, descubrimos el poder de Dios para transformar las adversidades en oportunidades. Dios es especialista en reciclar las situaciones de mal y convertirlas en un bien

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La iglesia de Esmirna es la única, junto con la de Filadelfia, que no recibe ninguna amonestación ni advertencia. El Señor sólo le da palabras de ánimo y de esperanza. Era una congregación ejemplar. Y nos preguntamos intrigados, ¿cuál era el secreto de su buena salud espiritual?
La respuesta es tan sencilla como difícil de aplicar: su actitud ante el sufrimiento. Eran cristianos “de una pieza”, enteros, íntegros, y estaban dispuestos a pagar el precio por seguir a Cristo hasta el final. Fueron probados y aprobados. Sí, ser cristiano en la dificultad es duro, pero produce un efecto purificador, saludable, sobre nuestra fe (1ª Pedro 1:6-7). Por ello, el mensaje del Señor a esta iglesia tiene una vigencia extraordinaria para nosotros hoy cuando el pueblo de Dios en todo el mundo (incluido el libre Occidente) tiene que afrontar una marcada hostilidad anticristiana.
Los creyentes de Esmirna estaban pasando por una tribulación grande. La oposición y persecución de la influyente comunidad judía les había sumido en la pobreza; habían sufrido el expolio de sus bienes y otras formas de injusticia. Y sin embargo, el Señor les dice: conozco tu pobreza, pero tú eres rico (Apocalipsis 2:9). ¡Divina paradoja! Estaban arruinados, pero eran ricos en Cristo, como no teniendo nada, mas poseyéndolo todo (2ª Corintios 6:10).
En medio de esta durísima situación -y con la perspectiva anunciada por el Señor mismo de que iba a empeorar- reciben una promesa, joya de los cristianos de todos los tiempos: Sé fiel hasta la muerte y yo te daré la corona de la vida (Apocalipsis 2:10).
Estamos ante uno de los versículos más memorizados de toda la Biblia, pero debería ser también uno de los más interiorizados, hemos de hacerlo nuestro para aplicarlo siempre que haga falta. ¿Cómo lograrlo?
Observemos cómo la promesa viene enmarcada por una exhortación más amplia a la perseverancia y la fidelidad: No temas en nada lo que vas a padecer. He aquí, el diablo echará a algunos de vosotros en la cárcel, para que seáis probados, y tendréis tribulación por diez días… El que venciere, no sufrirá daño de la segunda muerte (Apocalipsis 2:10-11).
El texto inspirado nos muestra las claves de esta perseverancia:

1. La valentía: «No temas en nada»
La vida cristiana es una lucha no apta para cobardes. Lo primero que tenían que oír los creyentes de Esmirna era lo mismo que escucharon los patriarcas y profetas: no temas. Estas palabras contienen tanto aliento como invitación al esfuerzo y al coraje. Es, además, una exhortación absoluta, enfática: no temas en nada. No hay lugar para excepciones: “Nada que temer” es el lema del creyente fiel.

2. Una visión correcta de la tribulación presente
En la hora de la prueba es muy importante recordar unos hechos fundamentales en su sentido más literal: son el fundamento, el suelo que nos sostiene y evita que el mundo se hunda a nuestros pies. Tienen que ver con el origen y la duración de la prueba.
En cuanto a su origen, la prueba viene de Satanás: He aquí, el diablo echará a algunos de vosotros en la cárcel, para que seáis probados (Apocalipsis 2:10). No hay razón para acusar a Dios y culparlo de la situación. Una lectura cuidadosa del libro de los Hechos nos muestra cuán activo está el enemigo de nuestras almas y cuánto se opone al progreso del Evangelio. Esta lucha espiritual es tanto más intensa cuanto más floreciente es el testimonio del creyente o de una iglesia local, como era el caso de Esmirna.
En cuanto a su duración, la prueba es limitada. El sufrimiento y la persecución tienen siempre fecha de caducidad. La expresión por diez días (Apocalipsis 2:10) nos recuerda que la última palabra la tiene el Dios Todopoderoso. Habrá un “día once” cuando la tribulación acabará. Ahora vivimos en un mundo malo, pero no sin control; un mundo con oscuridad, pero no sin esperanza.
La iglesia de Esmirna iba a sufrir el martirio de su pastor, Policarpo, discípulo directo de Juan, quemado en la hoguera. Pero este martirio figura hoy como una de las páginas más ejemplares de la historia de la Iglesia por el testimonio directo de Policarpo, lleno de detalles impactantes. En la prueba más que en ningún otro lugar, descubrimos el poder de Dios para transformar las adversidades en oportunidades. Dios es especialista en reciclar las situaciones de mal y convertirlas en un bien. En palabras de Pablo, todas las cosas obran para el bien de los que aman a Dios (Romanos 8:28).

3. La garantía del Cristo resucitado: «Yo conozco»
Especialmente significativa es la forma cómo empieza el mensaje a la iglesia de Esmirna. Cristo se presenta como el resucitado: El primero y el postrero, el que estuvo muerto y vivió, dice esto… (Apocalipsis 2:8). ¡Singular tarjeta de presentación que no aparece en ninguna otra de las cartas! No es casualidad. El poder del Cristo resucitado es lo que más necesitaba –y necesita- la iglesia sufriente.
Sí, la victoria de Cristo en la cruz y su resurrección nos garantizan que Él está por y con nosotros. La frase Yo conozco tu tribulación… (Apocalipsis 2:9) no se refiere a un conocimiento meramente “informativo”, sino experimental, vivencial porque en toda angustia de ellos, Él fue también angustiado (Isaías 63:9). La conciencia de la presencia de Cristo a nuestro lado lo transforma todo.
Nos impresiona descubrir que el faro de la iglesia de Esmirna no se ha apagado nunca hasta el día de hoy. La llama del Evangelio sigue viva en la moderna Izmir. ¡Qué ejemplo y qué poderoso estímulo para nosotros! Su “secreto” es también el nuestro: el deseo de vivir para Cristo conlleva la disposición a sufrir por Cristo porque el siervo no es mayor que su Señor (Juan 13:16). Pero no estamos solos ni luchamos sin esperanza. La iglesia perseguida hoy -y todo discípulo de Cristo- cobra ánimo y avanza fortalecida con las luminosas palabras de Aquel que vive y nos dice con voz tan poderosa como tierna: Sé fiel hasta la muerte y yo te daré la corona de la vida. Sin duda el mensaje más necesario para la Iglesia hoy.

Pablo Martínez Vila
Psiquiatra, escritor y conferencista
www.PensamientoCristiano.com

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