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Transformando el “mi” por “Su”, el cambio personal verdadero, Julio Almedo

Todo lo vivido por Jesús, Su sangre derramada por los azotes aquellos días en la cruz, donde “Sus” heridas y Sus dolores cargaron con los “míos”

Escena de la crucifixión en la película La pasión de Cristo

La transformación del individuo ocurre cuando él decide realizar una serie de acciones sucesivas para desarrollar sus habilidades personales. Esto implica la creación de nuevas estrategias de vida para lograr alcanzar los lineamientos requeridos en cada una de las etapas del proceso. Difícilmente podemos aspirar un cambio personal, sino estamos dispuesto a emplear profundas transformaciones personales en nuestra vida.
El primer y gran paso a dar es cuando una persona recibe a Cristo en su corazón por medio de una confesión de fe, como nos enseña el Señor en Su Palabra en Romanos 10:8-10 DHH: “¿Qué es, pues, lo que dice?: «La palabra está cerca de ti, en tu boca y en tu corazón». Esta palabra es el mensaje de fe que predicamos. Si con tu boca reconoces a Jesús como Señor, y con tu corazón crees que Dios lo resucitó, alcanzarás la salvación. Pues con el corazón se cree para alcanzar la justicia, y con la boca se reconoce a Jesucristo para alcanzar la salvación”. Es un regalo de Dios. Nadie tiene fe si Dios no la da (Efesios 2:8).
Esto abre las puertas de transformación personal en la vida del nuevo creyente. Dice la Palabra que el Espíritu Santo viene a morar en el individuo (Juan 14:17). Esto es el primer paso para lograr la verdadera transformación personal. Es la decisión más importante que alguien pueda hacer en su vida. El proceso de transformación será continuo (2ª Corintios 3:18), como testimonio que todo proviene de Dios. Los cambios vendrán a nuestra vida en la medida que le busquemos aún más de corazón (Mateo 6:33).
Este constante crecimiento permitirá ir transformando el “mi” por “Su”. Donde tenemos que considerar que “mi” es un adjetivo posesivo que indica propiedad o pertenencia en primera persona (mi carro, mi vida). También es el nombre de una nota musical (Mi). Por otro lado, “Su”, también es un adjetivo posesivo, pero empleado para la tercera persona (su carro, su vida).
Ahora bien, en las siguientes fases del proceso transformación incluyen cambios de nuestra vida, pasamos de un reino natural a un reino espiritual. Ocurre un nuevo nacimiento (Juan 3:1-15). Pasamos de vivir en tinieblas a la luz admirable (1ª Pedro 2:9). Poco a poco vamos experimentando caminar por fe y no por vista (2ª Corintios 5:7). Nos alcanza en cada aflicción una paz que sobrepasa todo entendimiento (Filipenses 4:7). Dios nos promete que Él venció en toda aflicción por nosotros en la cruz (Juan 16:33). Un reino donde nada me pertenece, donde todo lo que llamaba mío ahora es Suyo. Mi vida es Suya y todo cuanto estaba en mis manos ahora está en las Suyas.
En esta etapa, incluye depositar todo en sus manos con confianza (Proverbios 16:3), pues lejos de Él nada podemos hacer (Juan 15:5), esto abarca tanto lo bueno (familia, trabajo, bienes materiales), como lo malo (enfermedad, angustias, aflicciones). Aquí, en medio del proceso, se presenta una constante lucha por querer agradar a Dios cada vez más en todo y el vivir como lo hacíamos antes, con la antigua naturaleza pecaminosa. Solo debemos ir soportándonos los unos a los otros (Colosenses 3:13).
Para eso vino Jesús, para enseñarnos por medio de Su Palabra que debemos soportar y permanecer en Su camino. Todo lo vivido, Su sangre derramada por los azotes aquellos días en la cruz, donde “Sus” heridas y Sus dolores cargaron con los “míos” (Isaías 53:4, 1ª Pedro 2:24). Grande fue el sacrificio que pasaste Señor. Nacer, morir y resucitar. Todo por amor. Esperamos tu gloriosa venida.
Dios, de algún modo, nos enseñaste que Tu viviste un proceso de transformación momentáneo, de lo espiritual a lo natural (tu naturaleza es ser sobrenatural), dejando tu trono para nacer de un vientre. Como hijo, vivir y hacer la voluntad del Padre (Juan 5:19), enseñándonos a obedecerlo en todo (Hebreos 4:15). En cambio, nosotros nacimos de un vientre para ser transformados en el espíritu. Entregaste todo lo bueno por lo Mejor. Así mismo debe ser nuestra transformación.
Un constante proceso de transformación del “mi” por “Su”, con fe y obediencia en Cristo Jesús, donde podamos decir que “mi” muerte ya ha sido comprada con “Su” muerte y que con “Su” resurrección ya está pagada “mi” resurrección. Para el que cree y vive (Juan 11:26). Donde el único “mi” que tiene validez es que Jesucristo es “mi” Rey (para honrar “Su” nombre), “mi” Señor (para obedecer “Su” voluntad) y “mi” Salvador (para alabar “Su” grandeza). Aleluya.

Julio Almedo
Informático

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