El neopentecostalismo fue sólo una plataforma de lanzamiento, pero hoy vamos más allá de lo neopentecostal para abrazar todo lo profético y lo apostólico, que es lo que realmente tenía la Iglesia de Jesucristo de los primeros días
LA HISTORIA: GRAN AYUDA PARA EL FUTURO
“Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros, a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo, hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo; para que ya no seamos niños fluctuantes, llevados por doquiera de todo viento de doctrina, por estratagema de hombres que, para engañar, emplean con astucia las artimañas del error, sino que, siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo, de quien todo el cuerpo, bien concertado y unido entre sí por todas las coyunturas que se ayudan mutuamente, según la actividad propia de cada miembro, recibe su crecimiento para ir edificándose en amor” (Efesios 4:11-16).
LA HISTORIA: GRAN AYUDA PARA EL FUTURO
Para entender con mayor amplitud el título de este escrito, es necesario revisar la historia de la Iglesia de Jesucristo, desde su nacimiento, su crecimiento, su desarrollo, su expansión y su caminar en la tierra hasta nuestros días.
La Iglesia del Señor nace apostólica, profética y totalmente pentecostal en los días de Jesús. Dios le da como su principal fundamento a los apóstoles y a los profetas, y le entrega, según el libro de los Hechos, capítulo 2, la promesa del Padre celestial para su fortalecimiento y su expansión; esto es, la llenura, el poder y los dones del Espíritu Santo de Dios, en total y absoluta operación en todos y cada uno de sus miembros.
La Iglesia de Jesús fue tan llena del poder del Espíritu Santo, y su dimensión espiritual fue tan sobrenatural, poderosa, apostólico-profética y eminentemente pentecostal, que en tan solo unos pocos decenios no solamente alcanzó y ganó a Jerusalén, a Judea y a Samaria, sino también al mundo conocido; doblándole las rodillas siglos después al potente Imperio romano, el cual, con su líder (Constantino), determinó fehacientemente hacer del cristianismo su religión imperial.
Este intento astuto y satánico del Imperio romano para detener el creciente avance e influencia del cristianismo, haciéndolo la religión del imperio, sumió a la Iglesia del Señor Jesús en tiempos impresionantes de persecución, de aislamiento social, de esclavitud y de una total oscuridad espiritual.
Fue de esta manera que el Imperio romano creó una estructura religiosa fuerte, que no solamente acabaría con los apóstoles y con los profetas, sino con todas las marcas o huellas de la presencia y del mover del Espíritu Santo, reduciendo a la Iglesia a una estructura religiosa, con principios de acción babilónicos y con características totalmente diferentes a las características con las que Jesucristo inició Su verdadera Iglesia.
Es desde esta nueva y fuerte estructura religiosa, babilónica e idolátrica, conocida como la Iglesia Católica Apostólica y Romana, con sede en Roma, específicamente en el Vaticano, y administrada bajo un papado engañador y avasallante, que la Iglesia de Jesucristo fue siendo cada vez más humillada, avasallada y casi disminuida a cero; quedando solamente un remanente fiel que, a lo largo de las naciones y de los siglos, perseveró en la fe y prosiguió orando, clamando a su Padre celestial y adorando a Jesucristo como el Único Señor y Rey de las naciones.
Este nuevo y perverso dominio y control absoluto y totalitario, desatado sobre naciones y sobre las nuevas colonias que surgen con la historia a través de la expansión de los Reyes Católicos de España, Portugal, Francia, etc., en América, Asia y África, nos conduce con fuerza prácticamente a un milenio (1.000 años) de gran oscurantismo espiritual; y este milenio de oscuridad espiritual se quiebra con la maravillosa manifestación de Dios a través del monje católico alemán Martín Lutero, quien nos trae una sorprendente Reforma Teológica a través de sus 95 tesis concebidas en su espíritu, sobre la salvación en base a los elementos bíblicos de fe y de gracia divinas, y no concebida a través de las normas religiosas de control y mentira del romanismo.
¡Aleluya!
Así nace, por la gloriosa presión del Espíritu Santo, la primera Gran Reforma de la Iglesia conocida como la Reforma Protestante a través de Lutero; y de quienes, en el futuro, a través de algunos siglos, van concibiendo nueva revelación del Espíritu Santo sobre el bautismo, la santidad y el poder de Dios.
Es a través de esta nueva Reforma Bíblica que la luz viene con una fuerza tremenda en el área espiritual y de la fe en la Sangre de Cristo y la Gracia de Dios para el perdón de los pecados y la salvación del pecador, y comienzan a venir cambios sustanciales en el mundo con respecto a la concepción correcta de la Iglesia de Jesucristo y de su tarea por la redención del ser humano.
La historia nos registra movimientos tremendos en Suiza, en Inglaterra, en Gales, en Escocia, a través de hombres como Juan Calvino, Zuinglio, los hermanos Wesley, Juan Knox, Evan Roberts y otros más, que a lo largo de los siglos empiezan a anunciarnos un posible y gran derramamiento del Espíritu Santo en la Iglesia del Señor Jesús, como en los días del Pentecostés de Hechos 2.
Es ahí cuando la historia nos lleva a finales del siglo XIX y principios del siglo XX, época en la que hay un derramar del Espíritu impresionante en la Calle Azuza, en California, siendo ahí donde se gesta una nueva forma de concebir a la Iglesia de Jesús como un organismo vivo y activo y de esencia pentecostal.
Es a partir de este gran derramar del Espíritu en California, el cual dura aproximadamente cinco años y del cual la historia registra que durante ese tiempo, directa o indirectamente, fueron llenos del Espíritu Santo, con la señal y la evidencia del hablar en otras lenguas, cerca de 50 millones de personas; y es desde este mover donde surge el nacimiento del pentecostalismo moderno, concebido como una nueva experiencia de vida cristiana, en comunión con el Espíritu Santo, con los dones del Espíritu en operación, con los milagros y las sanidades sobrenaturales de Dios, y con una nueva forma de alabar a Dios.
Es desde esta experiencia extraordinaria que ese gran derramamiento del Espíritu se vuelve nacional en todos los Estados Unidos, y traspasa fronteras hacia el norte y hacia el sur, y provoca la creación, la aparición o el fortalecimiento de las diversas organizaciones evangélicas con características eminentemente pentecostales. Dentro de estas: las Asambleas de Dios, la Iglesia de Dios del Evangelio Completo, la Iglesia de Dios de la Profecía, la Iglesia Santidad Pentecostal y muchas otras, que se convierten en los diversos movimientos de avanzada pentecostal para la conquista de las naciones y, sobre todo, para la evangelización de la región de América Latina.
Hasta este nuevo derramamiento del Espíritu Santo, toda la tarea misionera, evangelística y de plantación de iglesias y de alcance de los pecadores estuvo en manos de organizaciones no pentecostales, bíblicas, apasionadas y muy evangelizadoras, pero no pentecostales, que vieron el nuevo mover pentecostal como un adversario a su intensa labor; cosa que, al cabo de decenios de separación, tuvo que ser aceptada por los conservadores. Mas tuvo que surgir un movimiento paralelo fuerte en nuestras naciones, de ministerios, de iglesias y de muchas organizaciones y entidades paraeclesiásticas conservadoras de corte no pentecostal; y también una gran invasión de organizaciones o denominaciones, e iglesias y ministerios de corte pentecostal que levantaron definitivamente las estadísticas en cada uno de los países de América Latina de convertidos a Jesucristo; pues estas hicieron una labor maravillosa de evangelización, ahora con el poder pentecostal saturado de liberación de cautivos, llenura del Espíritu Santo, sanidades y milagros del poder divino.
Este mover evangelístico, misionero y de amor al Espíritu Santo y Sus dones provocó que Dios nos diera un regalo extraordinario en la década de los años 50, y que se hizo más fuerte en los años 60: la dotación de maestros de la Palabra de Dios, que nos llevaron a un redescubrimiento de verdades bíblicas que estaban perdidas o muy escondidas, como la autoridad espiritual, el discipulado, el Tabernáculo caído de David, la adoración, la alabanza, etc.
A este nuevo mover del Espíritu se le denominó en la historia como el Movimiento Neopentecostal.
Este Movimiento Neopentecostal trajo al mundo la liberación de ministerios e iglesias de un corte carismático (con dones) un tanto diferentes a las iglesias pentecostales existentes, y trajo también el surgimiento de asociaciones y organizaciones autóctonas o nacionales, las cuales fueron las iglesias y los ministerios que concibieron en aquellos días la posibilidad de levantar organizaciones con una visión diferente y fresca, y no controlada desde sus sedes principales en otros países, como ocurría con las iglesias pentecostales.
Esta poderosa manifestación de Dios y este derramar de un hambre muy especial por la Palabra de Dios y de las verdades escondidas o perdidas nos trajo, en los años 80, una potente ola espiritual que conocimos como “El Tiempo de la restauración de todas las cosas”, años en los que Dios le dio la oportunidad a todos —a los conservadores, a los pentecostales y a los neopentecostales— de entrar en esa nueva ola y en ese nuevo fluir del Espíritu, que nos incluía algo fresco que todavía no se había tocado con fuerza, y esto fue la restauración de los Cinco Ministerios de la Palabra (Ministerio Quíntuple), según Efesios 4:11, y especialmente la restauración en la Iglesia y en el desarrollo de la Iglesia de los apóstoles y de los profetas, tal y como existieron en los primeros años de la Iglesia de Jesucristo.
Así como el derramamiento del Espíritu Santo a principios del siglo XX, y sobre todo en la Calle Azuza, California, trajo una separación muy evidente entre las iglesias y organizaciones bíblicas conservadoras y las muchas nacientes organizaciones y ministerios pentecostales; asimismo, en esta nueva faceta de restauración del Espíritu Santo de los ministerios, muchas congregaciones, organizaciones y ministerios de corte pentecostal tuvieron a bien no aceptar la aparición para este tiempo de los apóstoles y de los profetas, y se separaron, creando una barrera que hasta el día de hoy, en muchos casos, ha sido casi infranqueable.
Han tenido que pasar muchos años, quizás 20 o más, para que al final, en muchos países, en muchas ciudades y en medio de muchos líderes evangélicos se haya tenido que reconocer la existencia de las megaiglesias (iglesias con un gran número de asistentes), resultantes de ese mover de restauración, y que se haya tenido que reconocer la aparición, el funcionamiento y la influencia, aún en la sociedad, de los ministerios apostólicos y proféticos; y de las redes y de las coaliciones ministeriales de apóstoles y de profetas. Lo cual nos hace entender que estamos en el tiempo de lo que fue anunciado por el doctor Peter Wagner en el pasado: que ya estábamos entrando al cierre del siglo pasado e inicios del nuevo milenio en una Nueva Reforma Apostólica (la Segunda Reforma), sólo que ahora ministerial, y que esta trataría ya no tanto con los temas de la fe y de la salvación, como lo hizo Lutero, ni con los temas del poder pentecostal, como se dio a principios del siglo XX, sino con la existencia, la operación, el funcionamiento y la autoridad de apóstoles y de profetas en el seno de la Iglesia de Jesucristo en el tiempo presente.
Es interesante que hoy, a través de los diversos mecanismos de la tecnología a los que tenemos acceso —dígase buscadores como Google y otros más, incluyendo la IA, la Inteligencia Artificial—, con todos los múltiples datos que recientemente ha adquirido y que la ponen a la vanguardia del conocimiento y de la información que puede brindarse, se trate de decirnos que todas estas iglesias y ministerios que emergen de los años 90 y de los primeros años de los 2000 se llaman o se conocen como neopentecostales, lo cual es tan sólo una verdad a medias; porque es desde este movimiento neopentecostal que surge la Segunda Reforma Apostólica Ministerial de la Iglesia, pero que le da su nombre a lo actual del mover divino, y que consolida una verdad: que lo que estamos viviendo en nuestras naciones, incluyendo Estados Unidos, Canadá, América Latina, Europa y otras latitudes, esto es, un avivamiento de lo apostólico y de lo profético, y nos define a quienes guardamos, defendemos y predicamos estas verdades, de que somos ministros, líderes, congregaciones, redes y coaliciones ministeriales apostólicas y proféticas.
Para nosotros, el neopentecostalismo fue sólo una plataforma de lanzamiento, pero hoy vamos más allá de lo neopentecostal para abrazar todo lo profético y lo apostólico, que es lo que realmente tenía la Iglesia de Jesucristo de los primeros días, para así recibir entonces con fe en nuestros días la restitución del poder de Dios, vista y conocida como la Gloria Primera; para entonces estar preparados para la manifestación más gloriosa del Espíritu Santo, antes de la aparición en Su Gloria en Su Segunda Venida de Jesucristo, conocida como la Gloria Postrera; la cual, la Escritura misma dice que será mayor que la primera.
Hoy le damos la bienvenida, en el año 2026 o año 5786, a una de las mayores manifestaciones del Espíritu Santo, la cual será en el ámbito de lo apostólico y de lo profético, y que, como fue con otras verdades y con otro despertar espiritual, será para presentarle al pueblo de Dios que hay mucho más en la Palabra; que hay mucho más en la revelación de Dios. Desde luego que esto nos pondrá a muchos a estudiar, a leer y a buscar revelación de Dios, y a ponernos más humildes, y a no creer que toda la teología que se conoce lo es todo, sino que hay mucha más enseñanza que Dios puede y quiere revelarnos; y que con esa revelación llevarnos a una mayor manifestación del poder del Espíritu Santo que llene la tierra, como dice el profeta Hageo:
“Porque la tierra será llena del conocimiento de la gloria de Jehová, como las aguas cubren el mar” (Hageo 2:14).
¡Amén y amén!
En el 2026 y en los años siguientes estaremos envueltos plenamente en el establecimiento de lo apostólico y de lo profético en las naciones de la tierra, con el favor de Dios.
¡Que así sea!
Rony Chaves
Apóstol, conferencista y escritor




