Amistad con discernimiento

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La amistad sin sabiduría es ingenuidad. Lo grande de una sana amistad es que es sabia en sus decisiones y acciones. La amistad sincera y “en todo tiempo”, nunca arruina a ninguno

“El hombre falto de entendimiento presta fianzas, y sale por fiador en presencia de su amigo” (Proverbios 17:18).
Todo anverso tiene su reverso, el protagonista su antagonista y el consejo su advertencia. Es así como veo nuestro proverbio. Hay que leerlo junto con el anterior, ¡hermoso y positivo! Sin embargo, este ―que también es Palabra de Dios― tiene un acento poco agradable, pero muy profiláctico. No contradice la ayuda en la necesidad, pero condena la “garantía ciega que puede llevar al recipiente a la temeridad, y a ambos a la ruina” (Kidner).
Una buena traducción la tiene la versión Dios Habla Hoy: “El imprudente da fianza por su amigo y se hace responsable de él”. Este tipo de amistad, sin sentido común, es tan ingenua que no saca al amigo del atolladero, sino se hunde con él. Carece del sabio equilibrio, de la necesaria restricción que deja incólume la virtud con su valor, sentido y fuerza.
El amor sin ley es libertinaje; ley sin amor es legalismo, libertad sin derechos es atropello y la amistad sin sabiduría es ingenuidad. Lo grande de una sana amistad es que es sabia en sus decisiones y acciones. La amistad sincera y “en todo tiempo”, nunca arruina a ninguno. No se invoca cuando está en riesgo la estabilidad económica. Don Dinero no es amigo de nadie, más bien es perturbador y sedicioso. Nunca media en una verdadera amistad ni la aquilata: la debilita.
Por tanto, el dinero en una relación amistosa y fraterna debe entrar “por la puerta de la virtud” (Amyot). Si puedes ayudar a un amigo con su carga económica, hazlo; y si es posible, no lo hagas por la vía del préstamo, pues a la larga perderás el dinero o perderás al amigo.

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