El chisme es un comentario o afirmación que ―verdadera o falsa― lleva en sí una inquina muy dañina
“Las palabras del chismoso son como bocados suaves, y penetran hasta las entrañas” (Proverbios 18:8).
Hay cosas en la vida que se aceptan con facilidad y ―de acuerdo a nuestro proverbio― el chisme es una de ellas. Por eso es descrito como “bocado suave”. Otras versiones traducen “manjares”, “golosinas”, “bocados exquisitos”. Aquí se usa una expresión hebrea que significa “tragar con avidez” y, como “penetran hasta las entrañas”, tiene el perverso efecto de aceptarse como legítimo. Hay quienes gustan de la chismografía pues ―como dijo un amigo mío― «saca sangre».
El chisme es un comentario o afirmación que ―verdadera o falsa― lleva en sí una inquina muy dañina. Habrá quien diga que el mundo no sería interesante sin los chismes; bueno, son necesarios para armar la trama en una historia, pero en la vida real el chismoso provoca peleas, destruye buenas amistades y pone en peligro la vida de otros. La traducción en Lenguaje Actual traduce nuestro proverbio así: “¡Qué sabrosos son los chismes, pero cuánto daño causan!”. Esta lamentable realidad hay que enfrentarla sabiamente.
Una vez me enredé tanto con un problema que ya no sabía quién me había dicho qué cosa. Así que un domingo, frente a la congregación, confesé que el problema se me había escapado de las manos y no podía resolverlo, que iba a comenzar de cero y que a partir de ese momento, todo el que quisiera decirme algo sobre alguien debía escribirlo y firmarlo. A los días me llamó una persona y antes que me dijera algo, le pedí que me lo escribiera y lo firmara. Inmediatamente respondió: “¡Ah no! ¡Así no!”. Y allí murió el asunto.
La Biblia enseña: “Sin leña se apaga el fuego, y donde no hay chismoso, cesa la contienda”. Vamos a recordarlo.


