Los seres humanos queremos saber el resultado de una situación antes de avanzar. Sin embargo, la vida de fe raras veces obra de este modo
2ª Corintios 5:7, “(porque por fe andamos, no por vista)”.
Cuán duro le es al hombre no tener el control de todas las cosas que hace y aún de las que otros hacen. El caminar o el andar por fe es dejarle el control de todo a Dios, y eso es lo que muchos no aceptamos.
Nosotros los seres humanos, si damos un salto, primero investigamos dónde vamos a aterrizar, no lo hacemos a lo loco y a tientas. Eso es cordura.
En las selvas africanas hay un animalito llamado impala, que es un miembro de la familia de los antílopes, este puede saltar hasta tres metros de altura y nueve metros de largo. Es una hazaña increíble y, sin duda, vital para su supervivencia. Sin embargo, en muchos zoológicos, verás que estos animales están encerrados en lugares con muros de sólo 90 centímetros de alto. La pregunta es: ¿cómo pueden estos muros tan bajos retener estos animales tan atléticos?
Porque nunca saltarán a menos que puedan ver dónde aterrizarán. Los muros impiden que los impalas vean lo que está del otro lado.
Los seres humanos no somos muy diferentes. Queremos saber el resultado de una situación antes de avanzar. Sin embargo, la vida de fe raras veces obra de este modo.
Pablo, al escribirles a los creyentes en Corinto, les recordó: «por fe andamos, no por vista» (2ª Corintios 5:7).
Jesús nos enseñó a orar: «Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra» (Mateo 6:10).
Ah… pero esto no quiere decir que conoceremos anticipadamente lo que Él hará. Vivir por fe significa confiar en los buenos propósitos de Dios aun cuando estos estén envueltos de misterio.
Independientemente de cómo nos desconcierte la vida, «tratemos siempre de serle agradables» a Dios (2ª Corintios 5:9).
Oremos así.
“Padre celestial, confío en ti para que guíes mis pasos y se haga tu voluntad”.
Que tengas un excelente y bendecido día.


