Un creyente no se desconecta de una conversación indebida con sólo hacerse a un lado, tiene que hacer distancia de ella
“Aparta de ti la perversidad de la boca, y aleja de ti la iniquidad de los labios” (Proverbios 4:24).
Nuestro proverbio se puede abordar desde dos puntos de vista. Primero, cuando nos inclinamos a pensar en la necesidad de evitar a las personas que tienen esta abominable manera de hablar. Ya nos advierte la Escritura sobre lo que revela la condición del corazón en Proverbios 23:7: “porque cual es su pensamiento en su corazón, tal es él”. Y segundo, cuando el acento está en uno mismo. Debemos evitar esos vicios del lenguaje que son perversos e inicuos. En nuestra nos inclinaremos por esta segunda perspectiva, pues es la que podemos cambiar.
La exhortación acentúa los verbos “apartar” y “alejar”. Ambos apelan a la prudencia y a la voluntad respectivamente. Prudencia sin voluntad frustraría toda buena intención que se tenga. Pretender hacer lo correcto y no ponerle empeño para lograrlo es como quien quiere sacar sinceridad del pozo de la hipocresía. La NTV le da un acento preventivo al traducir: “evita” y “aléjate”. Son apelaciones al alma precavida que reacciona cuando el mal se acerca: las evita, pero también se aleja. Quien se queda cerca corre el riesgo de que lo inmiscuyan en algún turbio asunto.
Así, pues, un creyente no se desconecta de una conversación indebida con sólo hacerse a un lado, tiene que hacer distancia de ella, pues, corre el riesgo de que le suceda como al loro que comía maíz junto con los cuervos. El día que los atraparon le dijo al granjero: “¡Pero soy un loro!”, y el agricultor le respondió, “sí, pero comías con los cuervos. Pagarás igual”. Recordemos lo que nos advierte 1ª Pedro 3:11: “apártate…” -que implica estar lejos- “del mal”. Le será provechoso.




