En la sinceridad del amor está la vida, en sólo pensar y querer el bien para los demás, está nuestro propio bien. Esto hace evidente que el egoísmo, lo que hace es robarnos aquello que queremos atesorar
“Así que, todas las cosas que queráis que los hombres hagan con vosotros, así también haced vosotros con ellos; porque esto es la ley y los profetas” (Mateo 7:12).
He aquí una llave para una vida de victoria, porque es una forma de resumir la ley de Dios, toda la la ley está allí. Verdaderamente que la ley de Dios es perfecta, y tiene dos filos como espada que es, con un filo bendice al prójimo, y con el otro nos bendice a nosotros, en cada acción. Esto está expuesto de diferentes maneras en la Palabra, pero el contenido es el mismo, por ejemplo: “Ninguno busque su propio bien, sino el del otro” (1ª Corintios 10:24).
Porque realmente, el Señor nos habla de lo mismo a través de toda la Escritura, es lo mismo dicho de mil maneras diferentes, para que el que no lo entienda de una manera, lo comprenda de otra. En la sinceridad del amor está la vida, en sólo pensar y querer el bien para los demás, está nuestro propio bien. Esto hace evidente que el egoísmo, lo que hace es robarnos aquello que queremos atesorar. La avaricia lo que hace es arruinar, porque la realidad está en el sembrar, es lo que sembramos lo vamos a tener.
Cuando retenemos bendecir al prójimo, en realidad estamos privándonos a nosotros mismos, de esas bendiciones. “Dios no puede ser burlado, todo lo que el hombre sembrare, eso también cosechará”. Lo que tenemos ahora, es el fruto de lo que hemos sembrando, si no nos gusta, tenemos que cambiar el estilo, empezar a sembrar, para que a su tiempo podamos empezar a cosechar. Es un proceso, no será de un día para otro, pero sin duda vendrá la cosecha, bendeciremos al prójimo, agradaremos a Dios y además tendremos los frutos.
Siembra amor, paz, amistad, finanzas, fidelidad, y todo lo bueno. “Considera lo que digo, y el Señor te dé entendimiento en todo” (2ª Timoteo 2:7).




