Eso implica una gran responsabilidad. Cada hombre y cada mujer, es responsable de cuidar y honrar, la imagen y semejanza de Aquel que nos creó
“Por lo cual también Dios los entregó a la inmundicia, en las concupiscencias de sus corazones, de modo que deshonraron entre sí sus propios cuerpos” (Romanos 1:24).
Dios nos creó a su imagen y semejanza, porque nos creó para Él, para sentir complacencia con su creación, así como compartía con Adán cada día en el Edén. Nos creó para fuésemos como extensiones de Él, por eso nos bendijo con su imagen y semejanza impresa en nosotros. Pero eso implica una gran responsabilidad, porque somos conocidos donde quiera que estemos como pertenecientes al Creador. Cada hombre y cada mujer, es responsable de cuidar y honrar, la imagen y semejanza de Aquel que nos creó.
Nuestro texto inicial nos habla de esto, por causa del pecado, “deshonraron entre sí sus propios cuerpos”, esto se refiere primeramente a la homosexualidad, porque continúa diciendo: “y de igual modo también los hombres, dejando el uso natural de la mujer, se encendieron en su lascivia unos con otros, cometiendo hechos vergonzosos hombres con hombres, y recibiendo en sí mismos la retribución debida a su extravío” (Romanos 1:27). Pero no queda solamente en ese contexto.
Cuando era pequeño e iba al colegio con uniforme, no podíamos salir a la calle a jugar con el uniforme, porque cualquier travesura que un alumno pudiera hacer con el uniforme puesto le daba mala reputación al colegio. Ahora bien, dónde llevaremos la imagen y semejanza de Dios, es nuestra responsabilidad, quizás a algunos les parezca una exageración. Pero Dios no estaba exagerando cuando dijo que: “seamos santos en toda nuestra manera de vivir”, y es Él quien pone la medida de la santidad, no nosotros. Cuando nos santificamos a nosotros mismos, estamos honrando a Dios, y a su imagen y semejanza en nosotros.
El Señor Jesús bendiga nuestro entendimiento.


