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Caminemos sedientos buscando Su rostro, Julio Almedo

Para buscar el rostro de Dios en nuestro día a día, la Biblia nos recomienda que caminemos sedientos hacia Él. Por lo tanto, buscar Su rostro sería hallar Su presencia. Estar con Él

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Cuando formamos parte de un equipo de estudio, trabajo, deporte, en el hogar o cualquier hobby buscamos adaptarnos con una actitud cónsona con todos los integrantes (“¿andarán dos juntos, si no estuvieren de acuerdo?”, Amos 3:3). Imagina por un instante una orquesta y que cada quien toque un acorde distinto, que puede ser en lo individual tremenda melodía, pero en lo colectivo va sin compás ni ritmo. Como integrantes del conjunto debemos estar en perfecta armonía sin considerar nuestras características y diferencias, sino más bien valorando el bien que puede aportar cada uno para alcanzar los propósitos encomendados.
Para buscar el rostro de Dios en nuestro día a día, la Biblia nos recomienda que caminemos sedientos hacia Él. Pero, ¿Cómo sería esto posible? Comencemos por comprender qué es “buscar el rostro de Dios”. “Buscar” es hallar algo o alguien. Ahora, “rostro” es una palabra hebrea que en el Antiguo Testamento quiere decir “presencia”. Por lo tanto, buscar Su rostro sería hallar Su presencia. Estar con Él.
Las personas quieren estar con Dios por siempre, pero no es a nuestro modo, debemos ir sedientos. Así lo hizo Jesús cuando iba a la cruz. Caminaba como podía y sediento. ¿Podríamos pertenecer a un equipo deportivo, si para empezar no nos gusta tal competencia ni la liga ni el uniforme, sin haber calificado ni entrenado?
Hallar Su presencia es el plan divino y lo primero es ir activados por Su Espíritu (lejos de Él nada podemos hacer, Juan 15:5). ¿Cómo podemos ir y caminar en ese propósito?, ¿podemos estar en Su Presencia una vez que lo encontremos? Dios da a conocer la forma para poder estar en Su Presencia. Veamos, la Palabra de Dios nos enseña en Juan 3:16 (TLA): “Dios amó tanto a la gente de este mundo, que me entregó a mí, que soy su único Hijo, para que todo el que crea en mí no muera, sino que tenga vida eterna”. Jesús nos indica en Su Palabra “Todo el crea en mí”, esto es creer siempre, a cada instante.
Así mismo, creer en Jesús me lleva a amar todo lo que proviene de Él, tal como lo muestra la Biblia en Juan 14:21 (DHH): “El que recibe mis mandamientos y los obedece, demuestra que de veras me ama. Y mi Padre amará al que me ama, y yo también lo amaré y me mostraré a él”. De este modo, Él se mostrará a nosotros al buscar Su rostro. Recibiendo Su Palabra y obedeciéndola. Creyéndola y viviéndola. Con fe y obediencia. Caminando sedientos. Y en el versículo 23, dice: “El que me ama, hace caso de mi palabra; y mi Padre lo amará, y mi Padre y yo vendremos a vivir con él”. Él estará con nosotros.
Además, ese amor nos llevará a amar al prójimo como a nosotros mismos. Y luego vendrá aquel día donde el Señor nos diga según Mateo 25:34-40 (NBV): “Entonces yo, el Rey, diré a los de mi derecha: ‘Vengan, benditos de mi Padre. Entren al reino que está preparado para ustedes desde la fundación del mundo, porque tuve hambre y me dieron de comer; tuve sed y me dieron de beber; fui forastero y me alojaron en sus casas; estuve desnudo y me vistieron; enfermo y en prisión, y me visitaron’. Y los justos me preguntarán: ‘Señor, ¿cuándo te vimos con hambre y te alimentamos, o sediento y te dimos de beber? ¿Cuándo te vimos forastero y te alojamos en casa, o desnudo y te vestimos? ¿Y cuándo te vimos enfermo o en prisión y te visitamos?’. Yo, el Rey, les responderé: ‘Todo lo que hicieron a mis hermanos necesitados a mí me lo hicieron’”. Realizar esta labor con el amor de Dios es estar en Su presencia.
Cuando adoramos al Señor con cánticos y alabanzas también es una muestra de buscar Su rostro. Jesús anhela que busquemos con humildad y confianza Su Presencia en nuestras vidas; y así poder tener una relación íntima con Él, para conocerle, aprender y vivir en sus bendiciones.

Julio Almedo
Informático

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