Cuatro escándalos

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Solemos dar una clara reconvención por otorgar beneficios, estatus, autoridad y poder a quien no lo merece o no está preparado

“Por tres cosas se alborota la tierra, y la cuarta ella no puede sufrir: Por el siervo cuando reina; por el necio cuando se sacia de pan; por la mujer odiada cuando se casa; y por la sierva cuando hereda a su señora” (Proverbios 30:21-23).
Hace años enseñé en un instituto teológico y al acercarse la graduación a uno de los estudiantes, ya en funciones pastorales, le faltaban unos requisitos y no podría graduarse. Así que al solicitar mi ayuda convine con él para que pudiera hacerlo. Luego vi mi error: fui injusto y otorgué un logro no ganado.
Esta es la idea que subyace en nuestros versículos, por tanto, hay que evitar lo que llamaría el “efecto cenicienta”, creer que se ayuda a alguien como si fuera un acto de justicia, pensando en la situación de aquella sirvienta maltratada y con derechos expoliados. Lo descrito en la cita era escandaloso y debería serlo hoy. Los hipotéticos personajes son: un sirviente, un necio, una mujer infiel y una esclava que se convierten respectivamente en gobernante, rico, esposa y señora de la casa.
¿Habrá algo malo en ello? Sí, ¡todo! ¿Por qué? Simplemente porque no hay méritos entre una condición y otra. El siervo sin valores ni empeño convertido en gobernante suele ser altivo y tirano. La saciedad del necio niega la diligencia y el esfuerzo. Una mujer infiel que vuelve a casarse sin cambios, sin amor y fidelidad caerá nuevamente y la esclava que desplaza a su señora es porque, como lo interpretan, “la suplanta en el afecto de su marido” (Biblia Comentada).
Por tanto, nuestra gota es una clara reconvención por otorgar beneficios, estatus, autoridad y poder a quien no lo merece o no está preparado. Estos errores suelen ser costosos. La historia está llena de ellos. Seamos sabios y no los reeditemos.

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