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Debes crecer, Julio Reyes

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Salmos 92:12, “El justo florecerá como la palmera; crecerá como cedro en el Líbano”.
Todo crece y se desarrolla en la vida. Y a su tiempo produce su fruto. Esto es lo normal. Esto es lo lógico, que crezcamos.
Ahora, lo anormal es que no crezcamos, que nos quedemos enanos.
En este versículo la Palabra de Dios nos muestra que los justos florecerán como las palmeras. Florecer es desarrollo, es progreso en todas las áreas de nuestra vida; tanto en lo secular como en lo espiritual. Crecer como los cedros del Líbano es aumentar, no parar de crecer; no estancarse.
Por eso amado hermano, amado amigo, no pares de crecer en todas las áreas de tu vida.
El apóstol Pablo exhortó a los hermanos de la iglesia de los hebreos con estas palabras: “Porque debiendo ser ya maestros, después de tanto tiempo, tenéis necesidad de que se os vuelva a enseñar cuáles son los primeros rudimentos de las palabras de Dios; y habéis llegado a ser tales que tenéis necesidad de leche, y no de alimento sólido” (Hebreos 5:12).
No sea como la ascidia, la cual es una criatura que vive en el mar y es muy extraña. Por lo general se encuentra pegada a las rocas y valvas. Parece un tubo de plástico blando que se mueve con la corriente, su vida es una vida pasiva, apartada de su juventud activa.
Su proceso de nacimiento es como un renacuajo con una espina dorsal y un cerebro primitivo que le permite encontrar comida y evitar daños. Pasa los días explorando el océano, pero algo le ocurre cuando llega a la mayoría de edad, se instala en una roca y renuncia a explorar y crecer. En un giro macabro, se come su propio cerebro. Sin espina ni pensamientos fluye pasivamente con la corriente del mar.
A veces muchas personas se comportan así. Lo lamentable de esto es que mucho pueblo de Dios también cae en la misma condición.
Pablo exhortó a los hebreos y yo te animo a no caer en la vida de la ascidia. Que tu vida espiritual vaya siempre en crecimiento: Ora, lee, predica y enseña la Palabra de Dios.
Otro apóstol que nos anima a no seguir el destino de la ascidia es Pedro.
En nuestro caso, la madurez significa participar y estar activo de la naturaleza divina (2ª Pedro 1:4), por eso somos llamados a crecer en nuestro conocimiento de Cristo (3:18); espiritualmente, en rasgos como bondad, perseverancia y dominio propio (1:5-7); y en la práctica, al explorar nuevas maneras de amar y servir a otros (1ª Pedro 4:7-11). Según Pedro, este crecimiento «no nos dejará estar ociosos ni sin fruto» (2ª Pedro 1:8).
La alerta a crecer es tan vital para el anciano como para el adolescente. La naturaleza de Dios es tan vasta como el océano. Explora su carácter infinito, emprende nuevas aventuras espirituales. Estudia, sirve, toma riesgos. Date la oportunidad de errar, pero crece.
Oremos así: Padre celestial, dame la ambición de parecerme más a ti cada día.
Que tengas un lindo y bendecido día.

Julio Reyes
Pastor

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