lunes, septiembre 14, 2026
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Desarrolla cultura de ganador

Nunca te olvides que con Dios nunca se pierde con Dios todo el tiempo se gana. Sólo créele a Dios, tu vida fue diseñada desde el principio por su amor. Tú estás predestinado para ganar

“A Simón, a quien puso por sobrenombre Pedro”.
Marcos 3:16

Repita: Soy diligente en responderle a Dios, jamás perderé mis mejores oportunidades.

Verdad profunda
Durante años has hecho muchas cosas y has perdido muchas oportunidades. De alguna manera fuiste ministrado por una mala semilla que llegó a tu vida y te perturbó tu éxito.
Repita: Soy diligente en responderle a Dios, jamás perderé mis mejores oportunidades.
Esfuérzate y se muy valiente, afirma tus pensamientos y aplica toda tu fuerza para desarrollar en ti la cultura de una persona ganadora. Porque la lucha más grande que tú puedas tener no es con otras personas, es contigo mismo. Sé que tienes que esforzarte y no olvidar que estás predestinado para ganar. Jesús le dijo a Nicodemo, un hombre muy preparado, un gran líder judío, un hombre muy capacitado teológicamente, lo siguiente: 

“De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios. Nicodemo le dijo: ¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo? ¿Puede acaso entrar por segunda vez en el vientre de su madre, y nacer? Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios.  Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es.  No te maravilles de que te dije: Os es necesario nacer de nuevo. El viento sopla de donde quiere, y oyes su sonido; mas ni sabes de dónde viene, ni a dónde va; así es todo aquel que es nacido del Espíritu.
Juan 3:1-8

Repita: Soy diligente en responderle a Dios, jamás perderé mis mejores oportunidades.
Jesús le dijo a Nicodemo que él podía nacer de nuevo y ver el reino de Dios, pero para ello le era necesario nacer del agua y del Espíritu.
Lo siguiente que quiero compartir contigo es una profunda e impresionante revelación:
Cuando hablamos del “Nacer del agua y del Espíritu”, es someter nuestra alma viciada con la pérdida, a que muera a la estructura mental del viejo hombre, de nuestra antigua y vieja manera de vivir. Esa alma que antes vivía y actuaba conforme a la concupiscencia de la carne para que ahora se someta y acepte todos los códigos de vida que vienen de la revelación de la ley del Espíritu de vida en Cristo.
Repita: Soy diligente en responderle a Dios, jamás perderé mis mejores oportunidades.
“Nacer del agua” es nacer de la Palabra. Nacer del agua es como cuando tú has tenido una computadora que se ha bloqueado y tiene un virus, entonces el técnico te dice: “Te puede servir, pero la tienes que reformatear o limpiar completamente, para luego reprogramarla desde sus raíces. Entonces sólo así podrá aceptar los nuevos programas y funcionará efectivamente”.
Repita: Soy diligente en responderle a Dios, jamás perderé mis mejores oportunidades.
Hay algunas cosas que no te sirven y ni siquiera puedes tratar de repararlas, sino que tienes que comenzar otra vez por la vida del Espíritu; es decir, nacido del agua. Pedro aceptó el reto de salir de perdedor a comenzar a ganar a través de permitirle a Dios ministrar su vida. En los momentos de presión entendió que si perseveraba pasaba a la historia, por lo tanto, no podía perder esta gran oportunidad.
Repita: Soy diligente en responderle a Dios, jamás perderé mis mejores oportunidades.

Desde entonces muchos de sus discípulos volvieron atrás, y ya no andaban con él. Dijo entonces Jesús a los doce: ¿Queréis acaso iros también vosotros?  Le respondió Simón Pedro: Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna. Y nosotros hemos creído y conocemos que tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente.
Juan 6:66-69

Pedro entendió que no le quedaba otro camino, en él había un código que le decía que él estaba predestinado para ganar, y que, aunque otros se fueran, él no dejaría pasar esa gran oportunidad.
De ahora en adelante, nunca jamás aceptarás la vida de fracaso, sino que te verás en lo que Dios ha predestinado para ti, conforme a los códigos de éxitos de vida que ya Dios depositó en ti, desde antes de la fundación del mundo.

Viniendo Jesús a la región de Cesarea de Filipo, preguntó a sus discípulos, diciendo: ¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre?  Ellos dijeron: Unos, Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, Jeremías, o alguno de los profetas.  El les dijo: Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?  Respondiendo Simón Pedro, dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente. Entonces le respondió Jesús: Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos.  Y yo también te digo, que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella.
Mateo 16:13-18

Los que suponían que sabían quién era Jesús estaban confundidos, más, sin embargo, a Pedro el Espíritu de revelación le mostró que Jesús era el Cristo y no podía perder la oportunidad de apegarse a esa gloria superior. Pedro afirmó con fuerza, tú eres el Cristo.

“Jesús le dijo: yo también te digo, que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella”.

Jesús vio a un hombre lleno de errores, pero sediento de Dios, y le dijo por cuanto reconoces que esta es tu histórica oportunidad, por encima de sus debilidades, te convertiré en una piedra y ningún poder maligno te podrá derrotar.
Tú jamás defenderás la cultura, ni las costumbres de tu tierra, ni de este mundo, porque no se encuentran alineados con los códigos de vida que Dios predestinó para ti. Arriésgate como lo hizo Pedro.
Repita: Soy diligente en responderle a Dios, jamás perderé mis mejores oportunidades.
Tú no eres de este mundo. Tú andas sometido bajo la ley omnipotente para el éxito, bajo el gobierno de Dios.
Los códigos del cambio de lo limitado, por la gloria superior, te llevarán a lo máximo en Dios, porque tú estás predestinado para ganar.
Jamás tú aceptarás la pobreza, ni el dolor, ni la enfermedad. Ahora tú aceptas la plenitud de la redención en Cristo. Por lo tanto, todos los días vivirás y confesarás la Palabra, andando por ella. Nunca te compares con personas de tu territorio, porque Dios lo que hará contigo no ha subido al conocimiento humano, ya que Dios predestinó para ti cosas nuevas.
Repita: Soy diligente en responderle a Dios, jamás perderé mis mejores oportunidades.
Renuncia para siempre a todo lo que sea fracaso familiar, derrota financiera, maldición de enfermedad, vida triste y derrotada.
Repita: Soy diligente en responderle a Dios, jamás perderé mis mejores oportunidades.
Jamás aceptes el dolor como normal, porque tú estás predestinado para ganar.
Repita: Soy diligente en responderle a Dios, jamás perderé mis mejores oportunidades.
Nunca te olvides que con Dios nunca se pierde con Dios todo el tiempo se gana. Sólo créele a Dios, tu vida fue diseñada desde el principio por su amor. Tú estás predestinado para ganar.
Repita: Soy diligente en responderle a Dios, jamás perderé mis mejores oportunidades.

El ejemplo de Simón
La vida de Simón era de una persona perdedora y Jesús le cambió el nombre de una persona perdedora e inestable a una persona ganadora y segura de sí misma, Simón aprovechó su oportunidad.
El nombre Simón significa, “El inestable, una caña partida”, es decir, un perdedor. Debido a esto, Jesús lo cambió del camino de la inestabilidad y la pérdida al de una persona ganadora. Tu hora ha llegado y declaro proféticamente que no eres del montón. Eres una persona bendita de Dios, predestinada desde antes de la fundación del mundo para ser un ganador sin límites.
Repita: Soy diligente en responderle a Dios, jamás perderé mis mejores oportunidades.
El Dios que cambió la vida de Simón, el inestable, en Pedro que significa “Roca firme”, hoy lo hace contigo, porque tú estás predestinado para ganar.
Hoy conéctate con la gloria superior que está en ti.

“Padre glorifícame con aquella gloria que tú me distes antes de que el mundo fuese…”. 

Dios después que hizo la figura física de barro, sopló lo que ya existía. Espíritu de vida. Dios te sopló a ti. Tu existías desde antes. Por eso la escritura dice que “somos a imagen y semejanza de Dios”, es decir, el Dios eterno ganador nunca te hizo para la pérdida, ni para el dolor, ni para el fracaso, ni para la enfermedad, Dios te hizo una persona ganadora.
Repita: Soy diligente en responderle a Dios, jamás perderé mis mejores oportunidades.
Cuando Dios sopló sobre aquella creación de barro, estaba soplando los códigos de la gloria superior que el primer Adán despreció por vivir bajo la razón y los sentidos. Esto le trajo la muerte definitiva. Dios le había advertido que le convenía vivir por los códigos de la gloria superior y si no moriría. Así mismo ocurrió con Pedro. Otros despreciaron, Pedro aceptó.
Repita: Soy diligente en responderle a Dios, jamás perderé mis mejores oportunidades.
La pérdida es una maldición y el camino para obtenerla es despreciar el árbol de la vida. El camino de la prosperidad y el éxito sólo se alcanza creyéndole a Dios y comiendo del árbol de la vida. Este activa los códigos muertos que el pecado sepultó y no los deja fructificar. Los códigos de vida son como pozos o conductos de vida que el pecado, con el paso del tiempo, ha tapado. Repita: Soy diligente en responderle a Dios, jamás perderé mis mejores oportunidades.

“Y yo también te digo, que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella”.

El primer Adán, Caín, Can, Lot, Esaú, los diez espías que dudaron de Dios, Saúl, Judas, Barrabás, Ananías y Safira, Anás y Caifás; todos estos y muchos más están en la lista de perdedores, porque no quisieron pasar a la historia, despreciaron las mejores oportunidades.
Pedro cuando recibió la oportunidad de pasar a la historia dejó la barca y siguió a Jesús, cambió la pérdida por la vida victoriosa y firme como la roca.
Repita: Soy diligente en responderle a Dios y no perderé ninguna de mis oportunidades.

ORACIÓN

Padre, en el nombre poderoso de Jesús se destapan, totalmente los pozos de bendición profética para mi vida. Renuncio al conformismo y a la mediocridad. Ahora mismo comienzan a fluir el agua viva de la palabra profética confesada en mi vida, mi familia y mi ministerio. Declaro que le creo a Dios, y mi vida pasara a la historia.  Por nada del mundo perderé esta oportunidad. Aceptaré el reto de cambio de la vida inestable por la vida firme. Lo creo ahora mismo en Jesús. Amén.

Apóstol Dr. Marcelino Sojo
De su libro “Predestinados para ganar”. Semana 4/Día 7.

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Apóstol Marcelino Sojo
Apóstol Marcelino Sojohttp://www.mcichnnel.com
El apóstol venezolano-americano Marcelino Sojo, es un prolífico escritor y conferencista internacional, fundador junto con su esposa, la profeta María Eugenia Sojo, de la iglesia Monte Calvario Internacional, en la ciudad de Charlotte, Carolina del Norte, EE.UU, donde vive. Este “anciano misionero”, como gusta llamarse, es un apasionado de la formación y capacitación del liderazgo cristiano mundial en el tema de ganar, consolidar, discipular y enviar a los creyentes a cumplir el propósito para el cual fueron llamados por Dios. Cubre a cientos de iglesias a nivel mundial Redes sociales: @apostolsojo / YouTube: Operación 72 / Correo: apostolsojo@operacion72.com Web: www.operacion72.com / www.mcichnnel.com
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