La respuesta ante la apostasía moderna no es perfeccionar los métodos bajo el espíritu de Babel, sino volver a la sencillez y suficiencia de la cruz, velando en oración y guiando al cuerpo de Cristo hacia la Verdad eterna
La ilusión del alcance propio ha estado presente desde el mismo Génesis. Esta ilusión responde a un principio engañoso que desde el Edén hasta la llanura de Sinar, la tentación central del ser humano ha sido la misma: querer ser como Dios bajo sus propios términos. Entre la Babel antigua y la moderna podemos ver un asombroso paralelismo.
Así como los constructores de Babel buscaron hacerse un nombre y alcanzar el cielo mediante el esfuerzo humano, hoy existe el peligro de que líderes y ministerios levanten «torres» metodológicas y de ego que alejan al pueblo de la verdad bíblica.
Este paralelismo entre la Babel antigua y la moderna, lo podemos ver en los siguientes tres aspectos:
1. La motivación del corazón.
En esto está presente el orgullo y la búsqueda de renombre. En Babel querían «hacerse un nombre» para no ser dispersados (Génesis 11:4). En la actualidad, la tentación es buscar el crecimiento ministerial, el reconocimiento o el éxito visible como un fin en sí mismo, convirtiendo la obra de Dios en una plataforma para el ego no redimido.
Al respecto la Palabra de Dios advierte que «el orgullo del hombre lo humillará, pero el de espíritu humilde obtendrá honores» (Proverbios 29:23).
2. El método equivocado.
Hoy podemos notar que las «nuevas revelaciones» son como el fruto del árbol prohibido para Adán y Eva. En Babel el rey Nimrod y los hombres de su tiempo sustituyeron la piedra por el ladrillo y el asfalto por la mezcla (Génesis 11:3), buscando sus propios materiales y formas. Mientras que hoy el uso de «sistemas cuasi mundanos» y doctrinas de «nuevas revelaciones» que prometen un camino fácil o alternativo hacia Dios, imitan la propuesta de la serpiente en el Edén: «serán como Dios» (Génesis 3:5).
Es así como se busca dar un fruto que proviene del esfuerzo propio y no de la obediencia a la Palabra, la cual dice: «Hay camino que al hombre le parece derecho; pero su fin es camino de muerte» (Proverbios 14:12). Y, escribe Pablo: «Me asombra que tan pronto se hayan alejado ustedes del que los llamó por la gracia de Cristo, para seguir un evangelio diferente» (Gálatas 1:6).
3. El propósito desviado.
Sucede cuando se compite en lugar de glorificar a Dios. Al igual que en Babel la meta era la autosuficiencia y la consolidación del poder propio. Actualmente desarrollan una competencia sutil entre organizaciones para demostrar quién «cosecha» más o quién logra mayor impacto visual, perdiendo de vista que la gloria pertenece únicamente al Señor.
Olvidando con esto que Dios dice: «Yo soy el Señor. Este es mi nombre, y no daré a otro mi gloria, ni mi alabanza a esculturas» (Isaías 42:8); y mucho menos a hombres creados por Él y llamados a servirle y glorificarle, no a autogloriarse. Así como Jesús, estamos llamados a declarar: «gloria de hombres no recibo».
En contraste, la verdadera edificación según el diseño divino debe tener en cuenta que Él es el único fundamento, pues tanto la iglesia como el ministerio no se sostienen sobre métodos humanos o personalismos, sino sobre la persona y enseñanza de Jesucristo.
Guiar al rebaño no es llevarlo a una torre de logros humanos, sino conducirlo al arrepentimiento, a la verdad bíblica y al servicio humilde. «Porque nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo» (1ª Corintios 3:11); ya que «si el Señor no edifica la casa, en vano trabajan los que la edifican» (Salmo 127:1).
Babel en la iglesia actual exige discernimiento
en tiempos de apostasía
El significado espiritual de Babel es la matriz de la rebelión
Espiritualmente, Babel nunca fue sólo una construcción de ladrillo y asfalto; representa la matriz del sistema de rebelión humana contra la soberanía de Dios. Babel es el intento del hombre por unificar sus recursos, su inteligencia y su religiosidad para llegar al cielo sin necesidad de arrepentimiento ni de la gracia divina. Es la cuna de la falsa unidad y del culto al esfuerzo propio.
Una eclesiología bajo el sello de la apostasía
Al examinar el panorama eclesiológico actual, marcado por un contexto preapocalíptico y una creciente apostasía, nos muestra cómo el espíritu de Babel se ha infiltrado en muchas estructuras eclesiásticas, sobre estos dos graves aspectos:
- Sustitución de la Verdad: Se han cambiado las doctrinas fundamentales del Evangelio por filosofías humanistas (donde el hombre es el centro), un pragmatismo mundano y «nuevas revelaciones» que halagan el ego, pero no transforman el corazón.
- El imperio del hombre: Se construyen imperios denominacionales, conciliares, organizacionales y personalismos donde el éxito se mide bajo los parámetros del mundo (números, espectáculo, poder social y apoyo político/gubernamental), cayendo en el mismo engaño de la Babilonia espiritual de los últimos tiempos, que ya en los nuestros empieza a asomar su rostro de engaño y perversión.
Ante lo cual el apóstol Pablo escribe: «De ninguna manera se dejen engañar. Porque ese día no vendrá sin que antes venga la apostasía…» (2ª Tesalonicenses 2:3a). Significa que tanto el impero en Babel como el de muchos ministros y ministerios está fundamentado no en la Verdad, sino en el engaño, que es la negación directa del señorío de Cristo.
El llamado al remanente fiel a cuidarse de la confusión
En un tiempo preapocalíptico donde la confusión doctrinal y el orgullo ministerial amenazan con arrastrar a muchos, la Iglesia fiel no está llamada a levantar torres de vanagloria, sino a mantenerse firme en el cimiento de la Palabra de Dios.
La eclesiología bíblica no busca agradar ni competir con el sistema del mundo; busca la santidad, la pureza de la doctrina y la gloria exclusiva de y para Jesucristo.
La advertencia está hoy más vigente que nunca: «Oí entonces otra voz del cielo, que decía: “Ustedes, los de mi pueblo, salgan de esa ciudad para que no participen de sus pecados ni reciban parte de sus plagas”» (Apocalipsis 18:4).
El tiempo apremia. La respuesta ante la apostasía moderna no es perfeccionar los métodos bajo el espíritu de Babel, sino volver a la sencillez y suficiencia de la cruz, velando en oración y guiando al cuerpo de Cristo hacia la Verdad eterna.
Para lo cual es urgente probar nuestro corazón a la luz de las Escrituras. El llamado es para ministros y creyentes a evaluar con qué materiales estamos edificando: ¿«oro, plata y piedras preciosas o madera, heno y hojarasca»? Así como retornar a la sencillez del Evangelio, rindiendo todo deseo de renombre a los pies de la cruz, recordando que la verdadera fructificación no viene del árbol del conocimiento humano o la autosuficiencia, sino de permanecer en la Vid verdadera, Jesucristo (Juan 15:5).
Renunciemos a la tentación de competir, de impresionar y de construir imperios personales. Que nuestra única meta sea glorificar al Señor, guiar al rebaño por la verdad bíblica no adulterada y recordar siempre que toda la gloria, el poder y el fruto pertenecen únicamente a Dios.
Georges Doumat B.


