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Desarrolla el discernimiento, Liliana González de Benítez

El discernimiento no es más que la habilidad de distinguir entre la verdad y el error, el bien y el mal

Vivimos en una sociedad que ha perdido la habilidad de discernir entre el bien y el mal. Donde a lo bueno se llama malo y a lo malo bueno. Donde los principios morales han sido sustituidos por el pragmatismo. Lo que significa que cualquier medio es válido con tal de lograr lo que se quiere. Tristemente, esta forma de pensar ha invadido a la iglesia. Hoy día es muy común ver a algunos líderes religiosos presentar un evangelio adulterado, en el que no se confronta al hombre con su pecado para que se arrepienta y se vuelva a Cristo, sino que se le persuade con ilusiones falsas de riqueza y bienestar, con el único fin de obtener ganancias deshonestas (1ª Timoteo 6:10).
He aquí la necesidad que tiene todo creyente de desarrollar el discernimiento. En su definición más simple, el discernimiento no es más que la habilidad de distinguir entre la verdad y el error, el bien y el mal. El discernimiento también es un don otorgado por el Espíritu Santo (1ª Corintios 12:10) y como todos los dones que recibimos de Dios, debemos hacer que crezca y se fortalezca en nuestras vidas.
El apóstol Pablo le dijo a su discípulo Timoteo: “Examinadlo todo; retened lo bueno. Absteneos de toda especie de mal” (1ª Tesalonicenses 5:21-22). El apóstol Juan provee una advertencia similar cuando dice: “No les crean a todos los que afirman hablar de parte del Espíritu. Pónganlos a prueba para averiguar si el espíritu que tienen realmente proviene de Dios, porque hay muchos falsos profetas en el mundo” (1ª Juan 4:1. NTV). Quiero que notes que Juan indica que son “muchos” los falsos maestros que han salido por el mundo a enseñar falsas doctrinas que llevan a las multitudes al error.  Pablo predijo lo que hoy estamos viviendo cuando dijo: “Llegará el tiempo en que la gente no escuchará más la sólida y sana enseñanza. Seguirán sus propios deseos y buscarán maestros que les digan lo que sus oídos se mueren por oír. Rechazarán la verdad e irán tras los mitos” (2ª Timoteo 4: 1-4. NTV).
Para que no seas inmaduro como los niños, y no seas arrastrado de un lado a otro ni empujado por cualquier corriente de nuevas enseñanzas; para que no te dejes llevar por personas que intentan engañarte con mentiras tan hábiles que parecen verdad (Efesios 4:14), estudia día tras día las Escrituras y examina todo lo que dicen aquellos que hablan en nombre de Dios para que compruebes si está conforme a la Palabra. Y “si alguno enseña otra cosa, y no se conforma a las sanas palabras de nuestro Señor Jesucristo, y a la doctrina que es conforme a la piedad… apártate de los tales” (1ª Timoteo 6:3-10).

Liliana González de Benítez
Periodista y autora
lili15daymar@hotmail.com

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