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Dios anhela visitarte, Julio Almedo

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Jesús en la tierra se daba a conocer como el Hijo de Dios, “porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, más tenga vida eterna” (Juan 3:16), porque Él decía lo que el Padre le indicaba (Juan 14:10b).
“Iba caminando con sus discípulos, visitando pueblo por pueblo, casa por casa, anunciando que el Reino de Dios se había acercado, donde anunciaba a todos que se arrepintieran”, según Mateo 4:17, PDT. Desde entonces, Jesús comenzó a anunciar: “Cambien su manera de pensar y de vivir porque el reino de Dios ya está cerca”. Jesús vino a su pueblo, pero muchos le rechazaron. “Vino a este mundo, que es suyo, y los suyos no lo recibieron” (Juan 1:11). Dios está a la puerta llamándote, Él anhela visitarte.
En aquellos días, hubo una visita en particular, pero sabemos que Su palabra es eterna (Salmo 119:89); y hoy puede ser para tu vida de gran bendición. Lucas 7:11-17, RV60: “Aconteció después, que él iba a la ciudad que se llama Naín, e iban con él muchos de sus discípulos, y una gran multitud.  Cuando llegó cerca de la puerta de la ciudad, he aquí que llevaban a enterrar a un difunto, hijo único de su madre, la cual era viuda; y había con ella mucha gente de la ciudad. Y cuando el Señor la vio, se compadeció de ella, y le dijo: No llores. Y acercándose, tocó el féretro; y los que lo llevaban se detuvieron. Y dijo: Joven, a ti te digo, levántate. Entonces se incorporó el que había muerto, y comenzó a hablar. Y lo dio a su madre. Y todos tuvieron miedo, y glorificaban a Dios, diciendo: Un gran profeta se ha levantado entre nosotros; y: Dios ha visitado a su pueblo. Y se extendió la fama de él por toda Judea, y por toda la región de alrededor”.
En el pueblo de Israel, antes de la llegada de Jesucristo, una mujer que quedaba viuda pasaba a estar desamparada y sin recursos, como los huérfanos. Naín era un poblado situado en el sur de Galilea, cerca de Nazaret. El pueblo en sí estaba apartado de las rutas transitadas. Un simple camino era todo lo que había para acceder a él. ¿Cuán grande es tu aflicción?
La viuda de Naín tuvo ese deseo cumplido. Aquel día, ella salió a sepultar su hijo, pero retornó tomada de su mano, saludable, alegrándose en la gracia maravillosa de Dios. ¿Cuán parecida es está aflicción a tu vida? La viuda no clamó a Jesús, porque no le conocía; sin embargo, Jesús se compadeció de ella, porque Dios anheló visitarla.
Así como Jesús fue y daba a conocer todo lo que el Padre le decía, del mismo modo Jesús quiere todos los que creemos en Su Nombre lo continuemos haciendo, enseñando todo lo que hemos aprendido por Su Palabra, según Mateo 28:19-20. “Ustedes vayan y hagan más discípulos míos en todos los países de la tierra. Bautícenlos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.  Enséñenles a obedecer todo lo que yo les he enseñado. Yo estaré siempre con ustedes, hasta el fin del mundo”. Siempre, alabando Su nombre, no solo un día.
Dios anhela visitarte hoy y que puedas estar en Él, en este tiempo y por toda la eternidad, como un hijo de Dios, según Juan 1:11-12 “Pero a todos los que lo recibieron, a los que creen en él, les dio el derecho de ser hijos de Dios”. Pídele que perdone tus pecados, que estás arrepentido y que tú lo aceptas en tu vida, como único y suficiente Rey, Señor y Salvador, para que así puedas vivir en paz, aun en medio de la aflicción.

Julio Almedo
Informático
lacolumnaveraz@gmail.com

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