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Dios ha invertido demasiado, Otoniel Font

Tienes que saber es una cosa: el que comenzó la obra, la va a terminar. El apóstol Pablo, cuando dice esa frase, lo que está diciendo es: Dios ha invertido demasiado para dejar esto a la mitad

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“¿Crees, oh rey Agripa, a los profetas? Yo sé que crees. Entonces Agripa dijo a Pablo: Por poco me persuades a ser cristiano. Y Pablo dijo: ¡Quisiera Dios que por poco o por mucho, no solamente tú, sino también todos los que hoy me oyen, fueseis hechos tales cual yo soy, excepto estas cadenas!” (Hechos 26:27-29).
Hay gente que llega a ser casi casi cristianos.  El apóstol Pablo comparte elocuentemente su situación, su posición, por qué está allí, y el rey le dice: por poco me persuades a ser cristiano. Y Pablo dice: ¡ojalá tuvieras el mismo convencimiento que tengo yo! Por supuesto, no existe tal cosa como un casi casi cristiano; o lo eres o no lo eres. Eso de casi casi cristiano es para describir la experiencia que tuvo Agripa ante la elocuencia de Pablo. Como creyentes, deberíamos expresarnos con tal elocuencia, con tal razonamiento, con tal entendimiento, que aquellos que no están convencidos, por lo menos lleguen a estar de acuerdo con nosotros en ciertas cosas. Pretendemos atosigarle al mundo nuestra creencia, pero hay una parte que hacemos nosotros, y otra que le toca a Dios. Avanzaríamos más si fuésemos lo suficientemente elocuentes para establecer con palabras de inteligencia nuestros puntos, de modo que no puedan pelear con eso. Pero por supuesto, nuestra meta no es ser como ellos, sino ser gente completamente persuadida. Agripa llegó a reconocer al menos que no había razón para tener preso a Pablo en aquel lugar.
Por supuesto, como creyentes, tenemos que llegar al nivel de entender que no es la elocuencia de las palabras lo que nos hace creyentes. El apóstol Pablo dice, en 1ª Corintios: yo no fui a ustedes con palabras de sabiduría humana, sino con Espíritu y poder. La experiencia que tú tienes y que te ha dado el ser plenamente convencido, se compone de tres cosas. Dice la palabra del Señor, en Hebreos: gustaron de la buena palabra. Lo primero que te convence es la Palabra.  Segundo, el Espíritu de Dios. Y tercero, el poder de Dios.  Tienes que recibir y entender la Palabra de Dios, pero eso tiene que ir combinado con una experiencia del Espíritu y una experiencia de poder. Te podemos predicar la Palabra, pero no te podemos explicar una experiencia del Espíritu y del poder de Dios. Tú tienes que vivirla. Te predicamos, pero le toca al Espíritu de Dios darte una experiencia de su Espíritu y de poder, de manera que no te quede más remedio que creer, aunque no puedas explicarlo. El apóstol Pablo en una ocasión dijo: conozco un hombre, si en el cuerpo, no lo sé, si en la mente, no lo sé, pero subió al tercer cielo, allí vio cosas que le fueron prohibidas decir. Esa palabra prohibida es más bien que no hay lenguaje para explicar lo que vio. Quizás te ha pasado que has estado en un lugar y tratas de describírselo a alguien, pero por más que intentas, llega un punto en que te frustras y dices: es que no hay palabras para describirlo, tienes que vivirlo. Eso es lo que hace a un cristiano completamente convencido; recibe palabra, Dios le da la manifestación del Espíritu, le demuestra su poder, y hay cosas que puede explicar y otras que no, pero por la experiencia que ha tenido, no le queda más remedio que simplemente creer.
Si tú eres de los que ha tenido la experiencia del Espíritu de Dios y del poder de Dios, hoy tú puedes decir: estoy plenamente convencido de Aquel a quien creo y sirvo.
“Pablo y Timoteo, siervos de Jesucristo, a todos los santos en Cristo Jesús que están en Filipos, con los obispos y diáconos: Gracia y paz a vosotros, de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo. Doy gracias a mi Dios siempre que me acuerdo de vosotros, siempre en todas mis oraciones rogando con gozo por todos vosotros, por vuestra comunión en el evangelio, desde el primer día hasta ahora; estando persuadido de esto, que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo; como me es justo sentir esto de todos vosotros, por cuanto os tengo en el corazón; y en mis prisiones, y en la defensa y confirmación del evangelio, todos vosotros sois participantes conmigo de la gracia. Porque Dios me es testigo de cómo os amo a todos vosotros con el entrañable amor de Jesucristo. Y esto pido en oración, que vuestro amor abunde aun más y más en ciencia y en todo conocimiento, para que aprobéis lo mejor, a fin de que seáis sinceros e irreprensibles para el día de Cristo, llenos de frutos de justicia que son por medio de Jesucristo, para gloria y alabanza de Dios” (Filipenses 1:1-11).
Qué oración tan poderosa. Esta es la oración de un pastor, la oración de un hombre que ha comenzado a ver la obra de Dios en la vida de un grupo de personas. La gente no sabe lo que es el corazón del pastor porque, hasta que tú no te ganas a alguien para el Señor y comienzas a creer en la obra que Dios comienza a hacer en la vida de esa persona, se te hace muy difícil realmente entender la persuasión y la necesidad de estar convencido de que lo que Dios comenzó a hacer en la vida de esa persona se va a completar. Ser pastor es una obra de amor, una obra de pasión a largo plazo. El pastor te predica y te habla con una sola esperanza; que a pesar de que tu vida no refleje lo que entiende que la Biblia dice que tiene que reflejar, tiene que volver al verso y decir: pero estoy persuadido de algo, que el que comenzó la obra, la va a terminar. La relación de tu pastor con la iglesia depende de su esperanza, de su persuasión de que Aquel que comenzó la obra en ti, la va a terminar. Cuando te ganas a alguien para el Señor, experimentas esto; lo discipulas, y comienza la presión en tu interior de verlos comportarse de diferentes maneras, y te dan ganas que Dios te diga que cambies el mensaje para predicar juicio; y lo que te hace continuar amándolos es que estás persuadido que el que comenzó la obra, la va a completar.
Tú no puedes tener un gran matrimonio, si no tienes la esperanza de que un día esa persona será lo que Dios quiere que sea. La gente no se casa y la gente se divorcia porque realmente no tienen esperanza en que la persona llegue a ser lo que Dios quiere que sea porque el contexto en el que vive con sus fallas, errores y dificultades, nos hace quitarnos de la mente la convicción que debemos tener. Tú no puedes permanecer casado si no crees que Dios va a llevar a tu cónyuge a ser todo lo que Él quiere que sea porque lo que te da la paciencia es ver, no quién eres y lo que eres y tus problemas y dificultades y estados de ánimo ni el contexto en que viven, sino el tener una sola persuasión: el que comenzó la obra la va a completar. Con tus hijos, de la misma manera; tienes que tener una sola persuasión. Ya sea que estén en drogas, en alcohol; hay una sola cosa que tú tienes que decir: el que comenzó la obra, la va a completar. Dios va a hacer el trabajo en ellos. Eso es lo único que te da a ti la esperanza de poder sostener y mantener una relación, sabiendo que lo que Dios comenzó en la vida de una persona, Él lo va a completar.
Esa debe ser la esperanza que te mantenga firme en tu fe, sabiendo que lo que Dios comenzó a hacer en ti, se va a completar, se va a cumplir. Lo que pasa es que vivimos en un mundo lleno de caos, donde las cosas no siempre salen como pensamos, y comenzamos a cuestionar todo lo que ocurre y cómo nos va a afectar. Tú lo que tienes que saber es una cosa: el que comenzó la obra, la va a terminar. El apóstol Pablo, cuando dice esa frase, lo que está diciendo es: Dios ha invertido demasiado para dejar esto a la mitad. Y hay momentos en tu vida donde ya tú has invertido tanto, en tantas cosas, que no te queda más remedio que llevarlas al otro lado. Hay gente que echa a perder matrimonios de veinticinco, treinta años; pero después que tú has batallado tanto, ¿cómo vas a dejar que se desperdicie? ¡Has invertido tanto! Y el apóstol Pablo nos está diciendo: el que comenzó la obra ha invertido tanto en ti, que yo estoy seguro de algo: Él lo va a culminar. Dios lo puso todo en la línea, entregó a su Hijo por ti en la cruz del Calvario, y el que comenzó la obra, la va a perfeccionar, a pesar del caos que veas a tu alrededor.
Los contextos que vivimos nos hacen cuestionar dónde está Dios y qué va a pasar. Un hojalatero le pide a Dios trabajo, y entonces a alguien le chocan el carro y va donde el hojalatero, y este da gracias a Dios, mientras que el del carro chocado le cuestiona a Dios cómo es que le chocaron el carro. Pero tienes que entender que el mundo es así; orden y caos, orden y caos. Los cambios nos hacen cuestionar realmente qué va a pasar con nuestras vidas, pero tiene que llegar un momento en que tú tengas ya la convicción de una cosa: Dios ha invertido demasiado tiempo, demasiado esfuerzo, demasiado en ti para que esto se quede de esta manera.
La obra de Dios es una continua y constante de desarrollo en cada uno de nosotros, a pesar que no entendamos lo que está ocurriendo, a pesar de que lo que pase a tu alrededor te haga cuestionar realmente qué es lo que está sucediendo con tu vida.
Pablo está hablando de muchas cosas, pero principalmente de la salvación. La salvación de una persona es instantánea y progresiva al mismo tiempo. Cuando una persona le entrega su vida al Señor, cuando le entrega su corazón a Cristo, en ese momento, Dios lo hace santo, lo glorifica, pero hay un proceso de santificación progresiva.  Cuando una persona se convierte, tiene la posición espiritual de estar a la diestra del Dios Padre, pero en esta tierra tiene que haber un momento donde el Espíritu comienza a tomar control sobre sus pensamientos, sus actitudes, poco a poco; Dios comienza a hacer una obra gradual y comienza la transformación dentro del individuo, poco a poco, progresiva; y nuestra meta como líderes es creer que el que comenzó la obra, la va a perfeccionar en cada uno de nosotros.

Otoniel Font
Pastor, escritor y conferencista

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