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Dios quiere que tú lo detengas, Fernando Regnault

Dios llama a la Iglesia la sal de la tierra, porque Él espera de ella que se ponga en la brecha para frenar juicios, por la salvación de muchos

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“Déjame que los destruya, y borre su nombre de debajo del cielo, y yo te pondré sobre una nación fuerte y mucho más numerosa que ellos” (Deuteronomio 9:14).
Es la voluntad de Dios de que seamos copartícipes o sus socios, en el Nuevo Testamento, Pablo escribió: “Y esto hago por causa del evangelio, para hacerme copartícipe de él” (1ª Corintios 9:23). Porque el Señor Jesús no está buscando siervos, sino hijos y amigos, al igual que un buen Padre, el Señor quiere que estemos en sus negocios, que lo hagamos nuestro como hizo Jesús. Esto es tan poderoso, que el Señor incluso permite que participemos en sus decisiones, esto es; podemos detener a Dios, y podemos mover su mano de misericordia.
La Iglesia es Cristo en esta tierra, es su cuerpo que permanece entre los hombres, mientras que la cabeza está a la diestra de Dios. La Iglesia tiene un poder ilimitado, a través de la oración intercesora, Dios está buscando hombres y mujeres de intercesión, para detener por algún tiempo sus juicios, para dar tiempo de arrepentimiento a las almas. En nuestro texto inicial el Señor le dice a Moisés, “déjame que los destruya”, refiriéndose a Israel, pero Moisés se levanta e intercede por el pueblo y detiene el juicio de Dios.
Por eso Dios llama a la Iglesia la sal de la tierra, porque Él espera de ella que se ponga en la brecha para frenar juicios, por la salvación de muchos. Por eso dijo el Señor, para el que cree todo es posible, no hay límites a la intercesión puede ser por una persona, por un pueblo o por un país. Si la Iglesia deja su ministerio de intercesión, es lo mismo que la sal pierda su sabor, ya no sirve para Dios, será echada fuera, así dijo el Señor Jesús.
Todos los que están a tu alrededor, dependen de tú oración intercesora, tu país, tus gobernantes, tu familia. Pero hay muy pocos intercesores: “Y busqué entre ellos hombre que hiciese vallado y que se pusiese en la brecha delante de mí, a favor de la tierra, para que yo no la destruyese; y no lo hallé” (Ezequiel 22:30). Todos tenemos que ser intercesores, cumple esa parte de tu ministerio, somos como los soldados que le dan las coordenadas a Dios, de donde van a caer sus misericordias.
¡Dios te bendiga!!!

Fernando Regnault
Maestro de la Palabra
www.abcdelabiblia.com

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