“Y todo espíritu que no confiesa que Jesucristo ha venido en carne, no es de Dios; y este es el espíritu del anticristo, el cual vosotros habéis oído que viene, y que ahora ya está en el mundo” (1ª Juan 4:3).
Juan nos revela y nos da una manera de descubrir si un espíritu es de Dios o no. Porque por experiencia propia puedo decir, que hay espíritus que hablan de Dios, mandan a leer la Biblia, incluso hablan de amar al prójimo, pero son demonios tratando de engañar, para entrar y hacer daño. Para Dios derrotar al diablo y hacerlo polvo no es nada, pero ese no es el estilo de Dios, el Señor preparó un infierno, para el diablo y sus ángeles, así dice la Palabra.
Para Dios no era una opción echar al diablo al infierno de una vez, porque tendría que echarle con todo lo que le pertenece, y eso incluye a la humanidad esclava por el pecado. Así que antes de echar al diablo al infierno, tenía que salvar a la mayor cantidad de hombres y mujeres, alrededor del mundo. Esto implica que el diablo tenía que ser derrotado por un hombre, que recuperara la autoridad, o sea, Cristo en esta tierra nunca actuó como Dios que era, sino como el Hijo del Hombre, que también era.
El diablo trató de que actuara como Dios, por eso en la tentación le dijo, “si eres Hijo de Dios”, es el equivalente a decir, “si eres Dios” y el Señor Jesús le respondió, “no sólo de pan vivirá el hombre”, trayendo todo al plano humano, que era su misión. Jesús todo lo que hizo fue dependiendo del Padre y usó el poder del Espíritu Santo, dice así: “Pero si yo por el Espíritu de Dios echo fuera los demonios, ciertamente ha llegado a vosotros el reino de Dios” (Mateo 12:28).
CRISTO VINO EN CARNE, ES NUESTRA VICTORIA
La Palabra de Dios nos enseña, que el pecado del diablo es el orgullo, su soberbia lo hizo creerse que podía sentarse en el trono de Dios. Ese orgullo le impide reconocer que un hombre le derrotó, y le arrebató su reino, porque Cristo como ya he explicado, nació de una mujer para poder recuperar la creación de Dios.
“No puedo yo hacer nada por mí mismo; según oigo, así juzgo; y mi juicio es justo, porque no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me envió, la del Padre” (Juan 5:30). Jesús hizo y vivió como debía haberlo hecho Adán, completamente sujeto y dependiente de Dios, todo el propósito de la vida de Jesús, fue hacer la Voluntad del Padre. Jesús hizo lo que Adán tenía que hacer, vencer al diablo basado en la obediencia a Dios, no hace falta superpoderes, sino una firme determinación. La gran derrota del diablo, fue en la cruz, porque por primera vez en toda la historia, un hombre había vivido y llegaba a la hora de su muerte, sin pecado.
La Palabra describe la cruz como un momento de Gloria, veamos: “y despojando a los principados y a las potestades, los exhibió públicamente, triunfando sobre ellos en la cruz” (Colosenses 2:15). En lo físico la cruz parece una derrota, pero desde el punto de vista espiritual, es la Victoria de Cristo, todas las trampas y estratagemas del diablo, no lograron hacerlo pecar. Por esa causa Cristo recuperó el reino, “despojando a los principados y a las potestades” de todo lo que era de Dios.
Quedó constancia de eso, pues fue público a los humanos, a los demonios, y a los ángeles de Dios, por eso dice: “los exhibió públicamente, triunfando sobre ellos en la cruz”. ¡Dios te bendiga!!!




