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El peso del conocimiento, Otoniel Font

Nuestro exceso de tratar de conocer cosas que no debemos conocer pone presión en nuestros matrimonios y en todas nuestras relaciones

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¿Sabías que el conocimiento tiene un peso? Sí, un peso doloroso, un peso que puede convertirse en sufrimiento. El conocimiento te libera, pero también puede condenarte. ¿Quieres saber de qué estoy hablando?
En el libro de Génesis, capítulo 3, el verso 14, estas son las consecuencias cuando Eva y Adán comen del árbol. Dice la Biblia: “Y Jehová dijo a la serpiente: Por cuanto esto hiciste, maldita serás entre todas las bestias y entre todos los animales del campo; sobre tu pecho andarás, y polvo comerás todos los días de tu vida.
Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; ésta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar’. A la mujer dijo: ‘Multiplicaré en gran manera los dolores en tus preñeces; con dolor darás a luz los hijos; y tu deseo será para tu marido, y él se enseñoreará de ti’. Y al hombre dijo: ‘Por cuanto obedeciste a la voz de tu mujer, y comiste del árbol que te mandé diciendo: No comerás de él; maldita será la tierra por tu causa; con dolor comerás de ella todos los días de tu vida. Espinos y cardos te producirá, y comerás plantas del campo. Con el sudor de tu rostro comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra, porque de ella fuiste tomado; pues polvo eres, y al polvo volverás”.
Si hay gente que piensa que es con el sudor de la frente, pero es con el sudor de tu frente. Ahora, cuando miramos estos versos, hay tres cosas muy básicas. El deseo de Eva de saber más de lo que ella necesitaba saber en ese momento provocó la separación y la desconexión en tres áreas.
Número uno: en la relación. Dios le dice a Eva: ‘Te hice para ser ayuda idónea, te hice para ser compañera’. Y ahora por querer saber más, ahora va a haber una guerra de dominio entre ustedes. Uno va a querer dominar al otro, uno va a querer controlar al otro, uno va a querer gobernar al otro, uno va a querer dominar sobre el otro y la relación va a ser tan dolorosa que se va a convertir en una relación únicamente de ganancia personal.
Ahora, cuando tengas intimidad con tu esposo, que el producto iba a ser grandes resultados, otra criatura viviendo en esa plenitud ahora hasta ese proceso será roto. Con dolor tendrás todo eso. Tu hijo te causará dolor a ti, tú le causarás dolor al hijo. Tu esposo a la esposa, la esposa al esposo.
Nuestro exceso de tratar de conocer cosas que no debemos conocer pone presión en nuestros matrimonios y en todas nuestras relaciones. Cuando tú miras un Instagram de alguien y ves a alguien que se fue de viaje y tú no te has ido, piensas: ‘¿Por qué otro lo puede tener y no yo?’. En vez de alegrarte de que otro lo tiene.
Poca gente puede alegrarse con la bendición de otro y que otro prospere. Yo les he dicho aquí muchas veces: yo no publico como otra gente influencer los restaurantes que ellos ponen, que si me comí tal cosa, que si me comí lo otro, que si estoy en tal restaurante y hay amigos míos pastores que dicen: ‘Yo no me avergüenzo de las bendiciones’. Yo tampoco me avergüenzo de las bendiciones que Dios me da.
Pero no las enseño, ¿por qué? Porque hay un montón de gente que no puede aguantarlas. ¿Saben lo que yo publico? De comida: arroz blanco con un huevo frito y amarillito, y ustedes dirán: ‘Pastor, ¿por qué?’. ¿Saben por qué? Porque yo tengo gente que me sigue en Venezuela que ni eso pueden comer. Ustedes deben enseñar las bendiciones. Sea con quien yo me siento a comer una buena comida con quién lo puede manejar, no con los demás. Por eso es que yo no soy influencer ni me interesa serlo. Porque yo soy responsable de la información que pongo y la que no pongo, la que yo manejo y la que no manejo.
Hay cosas que no me interesa saber y que no quiero probar ni oír. Porque yo me conozco y sé que si las oigo me van a poner en problemas con mi mujer, con mis hijas, con mis relaciones, contigo. Una de las cosas que yo no sé aquí es quién diezma y quién no ofrenda. Pastor, ¿por qué? Porque yo me conozco. Usted me pide una consejería y usted le da un centavo a la iglesia. Hermano, yo no se la voy a dar. Así que para mí todo el que entra diezma y ofrenda. Yo no me quiero convertir en Hacienda.
Porque si yo veo aquí que usted gana más de mil dólares al año y usted entra en un Mercedes debería sacar el cálculo por los gastos suyos, los diezmos que usted debe hacer. Así que yo lo veo entrar en un Mercedes y digo: ‘Gloria a Dios’. Yo digo: ‘Así tiene que ser. Los diezmos tienen que ser la bendición de los diezmos’. Tienes que hacer que yo no necesite saber. Pero queriendo saber el número de lo que entre, después mañana a mí me dan el número: ‘Saca tanto por ciento para esto, ya es obligado’. No, no me des el número de eso. Dame el número total. Pero ya hay tanto para diezmo, tanto para los ahorros, tanto para las misiones, para ayudar.
Entonces me tiro de rodillas: ‘Señor, suple. Todas las semanas bendice a todos los que no han diezmado esta semana’. A ver si de ahí diezman. Ponte a pensar cuántas cosas tú conoces que te han puesto en batalla con tu familia, cosas que no debiste haber conocido, pero que quisiste experimentar y no estabas listo para manejarlo.

Otoniel Font
Pastor, escritor y conferencista

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