Se trata de las zorras pequeñas, esos pecaditos inocentes o tan pequeñitos que pensamos que a Dios no le importan. Cómo las “mentiritas blancas”
“Cazadnos las zorras, las zorras pequeñas, que echan a perder las viñas; Porque nuestras viñas están en cierne” (Cantares 2:15).
Hay una barrera que nos aleja de Dios, que nos impide entrar en más profunda intimidad, y es el pecado al que estamos acostumbrados. No se trata de matar o robar, ni de fornicación o adulterio u otros similares, porque de eso la mayoría nos hemos apartado. Se trata de las zorras pequeñas, esos pecaditos inocentes o tan pequeñitos que pensamos que a Dios no le importan. Cómo las “mentiritas blancas”, que incluso algunos piensan que son buenas, porque hacen sentir bien a las personas. Dicen que se ven bien, cuando en verdad la ropa le queda terrible, y el peinado peor. También la exageración es una mentira, la que muchos practican cada día y no les parece que estuvieran haciendo mal.
Cuando el pecado se hace costumbre, y se borra la línea entre lo santo y lo profano, eso se llama iniquidad, es lo torcido que las personas tienen y no se dan cuenta porque por la costumbre, no lo identifican como pecado. Pablo dice: “Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante” (Hebreos 12:1). Pablo lo describe como un peso, que nos estorba en la vida espiritual, del cual hay que despojarse.
¿Cuántas veces hablas con doble sentido? ¿Cuántas veces se te va la mente a impurezas, cuando hablan con doble sentido? ¿Cuánto te ríes con chistes de doble sentido, cargados de malicia e inmundicia? Es la malicia parte de ese peso, nos hemos acostumbrado a pensar mal de todo y de todos, por causa de que la maldad se ha multiplicado. Recordemos, que la Voluntad de Dios es que lleguemos a la estatura de su Hijo Jesús de Nazareth. No basta con ir a la iglesia, no es suficiente orar y ayunar, es necesario ser una nueva criatura, nacer de nuevo, si no, lo que tienes es una religión.
¡Dios te bendiga!!!




