El poder del silencio, Otoniel Font

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Es difícil conseguir silencio en un mundo que hace todo el ruido posible para llamar tu atención, para alejarte de lo que es santo y de lo que te dará la salvación

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Para encontrarnos con Dios hay algo muy importante que debemos conseguir: el silencio. Es difícil conseguir silencio en un mundo que hace todo el ruido posible para llamar tu atención, para alejarte de lo que es santo y de lo que te dará la salvación. Por eso, ser hijo del Rey en estos tiempos es una de las tareas más difíciles.
Aprender a calmar nuestros ruidos mentales y emocionales para poder encontrarnos con Dios. En medio de la multitud, nunca te podrás encontrar con él mientras tu mente esté haciendo ruido, mientras el mundo esté haciendo ruido, mientras estés viviendo tu vida por lo que otros viven, por lo que otros piensan, por lo que otros hablan.
Mientras estés en el ruido de la sociedad, buscando y deseando lo que ellos quieren y lo que ellos desean, jamás lograrás alcanzar lo que Dios tiene para ti, es solo conociéndolo a Él, y a través de toda la Palabra del Señor nos vamos a dar cuenta de que es el deseo de Dios que tú lo conozcas.
El problema es que la gente le presta más atención al vehículo que Él usa para que tú le conozcas, en vez de prestarle atención a conocerlo a Él a través del vehículo que Él va a usar.
Hay dos cosas que Dios va a usar para que tú le conozcas: número uno, tus experiencias; número dos, la Palabra, hablemos de esos dos en el día de hoy.
Las experiencias de tu vida no son otra cosa que una oportunidad para que Dios se muestre de una manera que de otra forma no lo podrías comprender ni experimentar, cuando usted se fija en el pueblo de Israel, mientras fue caminando en el desierto, e incluso el mismo Abraham, Dios no le dio a Abraham ni a Moisés ni al pueblo todos los nombres de Dios en un listado.
En otras palabras, cuando Dios se le reveló a los hombres, le fue dando nombre por nombre. Dios no le dio un listado a Moisés cuando Dios le pidió a Moisés: ‘En nombre de quién voy a ir’. Dios no sacó un listado y le dijo: ‘Mira, yo soy Jehová; yo soy Jehová Rafa; yo soy Jehová Jireh; yo soy Jehová esto; yo soy Jehová aquello. Estos son todos mis nombres’. Dios no hizo eso. Dios le dijo a Moisés en específico: ‘Yo soy el que soy’, dando un cheque en blanco.
¿Por qué un cheque en blanco? Porque Dios le está diciendo: ‘Yo no te puedo revelar todo lo que soy yo hoy, pero mientras vayas caminando yo te voy a mostrar quién soy yo’. Llegaron a las aguas amargas: ‘Ah, pues él es Jehová Rafa, Él es el que cambia las aguas amargas en dulce’. Si no hay aguas amargas, nunca conocerás al Dios que las sana.
Para yo poder conocer al Dios que sana las aguas amargas, tengo que tener la experiencia de las aguas amargas para conocerlo y cuando yo tengo esa experiencia, ahora Dios se me revela y me dice: ‘Yo soy el que sanó estas aguas’. Tú nunca podrás conocer al Dios que calma la tormenta si no hay tormenta, nunca podrás conocer al Dios que provee si no hay una necesidad para que haya una provisión en un momento dado en tu vida.
Así que cada experiencia que Dios te da a través de lo que vives es la oportunidad de conocer algo de Dios que de otra forma no lo ibas a conocer. El problema es que somos de mente corta.
Mira lo que dice el salmo 106, verso 1: ‘Aleluya, alabad a Jehová, porque Él es bueno; porque para siempre es su misericordia. ¿Quién expresará las poderosas obras de Jehová? ¿Quién contará sus alabanzas? Dichosos los que guardan juicio, los que hacen justicia en todo tiempo. Acuérdate de mí, oh Jehová, según tu benevolencia para con tu pueblo; visítame con tu salvación, para que yo vea el bien de tus escogidos, para que me goce en la alegría de tu nación, y me gloríe con tu heredad’. Pecamos nosotros como nuestros padres, hicimos iniquidad, hicimos impiedad. Nuestros padres en Egipto no entendieron tus maravillas; no se acordaron de las muchedumbres de tus misericordias, sino que se rebelaron junto al mar, el mar Rojo. Pero Él los salvó por amor de su nombre, para hacer notorio su poder. Reprendió al mar Rojo y lo secó, y les hizo ir por el abismo como por un desierto. Los salvó de mano del enemigo, y los rescató de mano del adversario. Cubrieron las aguas a sus enemigos; no quedó ni uno de ellos. Entonces creyeron en sus palabras, y cantaron su alabanza.
Parece que todo está bien ahí, pero mira lo que dice el verso 13: ‘Bien pronto olvidaron sus obras’. Dios te da una casa hoy y mañana te olvidas, Dios te prospera con algo, un carro, y mañana te olvidas y ahora otra cosa te fastidia el alma, ahora necesitas otra cosa, otra experiencia.
Llegaste de unas vacaciones y ya estás pensando en la próxima. ¿Para dónde vas mañana? ¿Para dónde vas el año que viene? Y si ese año no puedes ir a ella, te olvidaste de las que Dios te dio la semana pasada, te olvidaste de las que Dios te dio el mes pasado, te olvidaste de las que Dios te dio el año pasado. Se nos olvida todo lo que Él ha hecho con nosotros.
Y mira lo que dice, mira lo que ocurre: dice bien pronto olvidaron sus obras; no esperaron su consejo’. No tuvieron paciencia para esperar el consejo de Dios. ‘Se entregaron a un deseo desordenado en el desierto, y tentaron a Dios en la soledad’. Cuando tú te olvidas de todo lo que Dios ha hecho bien pronto, lo próximo es entregarte a cualquier deseo.
Comienzas a desear cualquier cosa que tú creas que va a satisfacer el alma, tu interior, sin darte cuenta de que todo lo que Él ha hecho es para que tú conozcas que toda satisfacción proviene de tu relación con Él y que si Él está contigo todo lo que tú necesitas eventualmente se va a suplir, eventualmente lo vas a tener, eventualmente lo vas a alcanzar.
Esta es la presión que hay en las mismas relaciones naturales, cuando los esposos no están satisfechos el uno con el otro, cuando nada de lo que tú haces satisface. No hay nada más que fastidie a los hijos, que no hay nada que tú hagas que los satisfaga por mucho tiempo, es una cosa increíble la gente insaciable.
Y un alma dormida es insaciable. La gente se olvida de su pareja, de su esposo, de su esposa, tienen 20 años de casados, y hoy te vas a levantar, te vas a sacudir y te vas a ir, simplemente porque él o ella no llena tus expectativas. Oye, y tampoco tú llenabas las de él o ella 24 horas al día.
Y no te has acordado de todo lo que ha pasado, no te has acordado de todo lo que ha ocurrido, no te has acordado de la misericordia, no te has acordado de todo lo que Dios ha hecho contigo. A veces los padres te dicen que no, no porque no quieran, a veces porque no se puede, o a veces porque no quieren y punto, y se acabó y nos olvidamos rápidamente y no hay satisfacción alguna en la mente, no hay satisfacción alguna en el alma. Y por eso usted tiene una generación totalmente buscando cosas desordenadas, porque la mente que no está viva, que es el alma, que es lo que debe estar vivo, busca satisfacerse 24 horas al día en vez de entender que cada experiencia ha sido una oportunidad para conocer a Dios.
A ti no te debe satisfacer la prosperidad; a ti debe satisfacer el Dios que te prospera, el Dios que te bendice, el Dios que te aumenta, el Dios que te da la victoria.
A ti no te debe satisfacer la salud y la sanidad; a ti te debe satisfacer conocer al Dios que sana.
El Dios que te sana está contigo en el día de hoy y si tú estás enfermo sabes que Él sigue siendo el Dios que sana y si no te sana aquí curita de rana, te sanará mañana.

Otoniel Font
Pastor, escritor y conferencista

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