Somos tabernáculo de adoración para Dios a través de Jesucristo, es el tabernáculo de los adoradores que Cristo vino a buscar, es un tabernáculo para gente que no nació bajo la Ley
“Después de esto volveré y reedificaré el tabernáculo de David, que está caído; y repararé sus ruinas, y lo volveré a levantar, para que el resto de los hombres busque al Señor, y todos los gentiles, sobre los cuales es invocado mi nombre” (Hechos 15:16-17).
El tabernáculo de Moisés, “nació” bajo una multitud de ordenanzas y directrices, cada cosa estaba estrictamente especificada, Dios incluso dio visiones a Moisés, para que no hubiera equivocaciones. Aquel tabernáculo era estrictamente bajo la Ley, no había espacio para agregar nada de los hombres.
Pero el tabernáculo de David, nació en el corazón de un adorador, era principalmente un tabernáculo de adoración, allí no había sacrificios de corderos. En un tiempo en qué la el tabernáculo estaba vacío, y el arca del pacto no estaba en su lugar, tiempo de oscuridad para Israel. Comenzó la época de oro de Israel con el reinado de David, y una de las primeras cosas que hizo fue levantar un tabernáculo de adoración, era una tienda en la cual había adoración las 24 horas del día.
Ahora bien, en nuestro texto profético inicial, el Señor describe el tiempo de la Iglesia, como la restauración del tabernáculo de David que estaba caído. Somos tabernáculo de adoración para Dios a través de Jesucristo, es el tabernáculo de los adoradores que Cristo vino a buscar, es un tabernáculo para gente que no nació bajo la Ley. Es el tabernáculo de la Gracia, de aquellos que han sido perdonados sin obras, sólo por la fe en la sangre de Cristo.
Tenemos una alabanza que los ángeles no pueden cantar, porque ellos no saben lo que es ser rescatados del infierno. La Iglesia redimida adora con pasión, con gratitud, sometida a la Voluntad de Dios, apartada del mundo. La adoración no tiene nada que ver con coreografías en el púlpito, el centro de la adoración es Jesús, no nuestras habilidades de bailar. “Si alguno tiene oídos para oír, oiga” (Marcos 7:16).
¡Dios te bendiga!!!




