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En contacto con Dios: ¿Amando lo malo?

(Domingo Arana – Evangelista).-

Hace unos días, tratando de entender un poco más acerca del infinito misterio del amor, tuve la inquietud y curiosidad de preguntarle a Dios: ¿será que nosotros somos capaces de amar lo que no nos conviene?… No se veía fácil la respuesta, pero yo insistí en preguntar: ‘Señor, ¿será que nosotros somos capaces de amar incluso lo que nos hace daño?’… dos días después de comenzar esta oración el Espíritu Santo me respondió diciendo: «Claro que son capaces de amar lo que no les conviene, y hasta lo que les hace daño… ¿tú mismo no llegaste a amar canciones de rock que no alaban a Dios, sino a Satanás?; y ¿cuánta gente hay hoy en día que aman el alcohol, las drogas, el cigarrillo y la prostitución, aún sabiendo que eso les hace daño?». Luego Dios trajo a mi mente la historia de una mujer que cuando la conocí era soltera y estaba ciegamente enamorada de un hombre casado, a quien le había entregado su cuerpo y corazón;  y quien una y otra vez la engañaba haciéndole creer que se divorciaría de su esposa para casarse con ella, todo con la intención de mantenerla fiel a su lado, pero no fue sino pasados siete largos y tortuosos años cuando ella finalmente se convenció de su error y decidió dejarlo estando ya saturada de tanta frustración, hipocresía y engaño.
Amados, aunque el amor suele manifestarse como un sentimiento de unión y entrega que nace en nuestro corazón hacia alguien o algo, y del cual muchas veces no tenemos control; es nuestro deber darle una correcta dirección, sabia e inteligente, porque sin duda nos puede arrastrar a la perdición o al mismo infierno, si no le ponemos cuidado o le prestamos la debida atención. Esto se debe a que los sentimientos que dan lugar al amor provienen de nuestro corazón, y ellos no ven, no piensan ni analizan, sólo se manifiestan con tal intensidad que son capaces de impulsarnos a hacer su voluntad sin usar la razón, la lógica e inteligencia que Dios nos dio; guiándonos a hacer locuras o cosas sin sentido.
Podemos experimentar sentimientos que nos impulsan repentina y repetidamente hacia una persona, situación, circunstancia, asunto o cosa, sin importar si realmente nos conviene o no nos conviene, si nos afecta positiva o negativamente; si nos bendice o definitivamente nos hace daño. Por tanto, debemos tener mucho cuidado con lo que decidimos hacer cuando sentimos que en nuestro corazón se está gestando una especie de amor por alguien o por algo. Detengámonos un momento a pensar: ¿será que realmente me estoy dejando gobernar por un sentimiento ciego y loco que me impulsa a amar lo que no me conviene, lo que me hace daño, lo que definitivamente me puede llevar a la perdición o al infierno?
El hecho de sentir que amamos algo o alguien no significa que esté bien lo que estamos haciendo, o que vamos por el camino correcto; debemos analizar fríamente a quién o qué cosa estamos amando, pues, hay amores que matan, vale decir, que conducen a la vergüenza, a la destrucción y a la ruina. Muchos de los que hemos sido llamados por Dios, hemos decidido amar lo que realmente nos conviene, a pesar de que al principio no haya existido en nuestro corazón mucho sentimiento hacia Jesús y su santo evangelio, pero poco a poco lo hemos ido alcanzando.
Es hora de decidir amar lo que nos conviene, lo que nos bendice, lo que no nos hace daño. ¡Que Dios nos dé sabiduría y nos guíe a rechazar cualquier sentimiento que nos impulse amar algo o alguien que nos aleje de su gracia, de su amor y de la gloria de su presencia, amén…!

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