Prosperidad y felicidad son posibles si mejoras lo que haces bien y confías en el que da la verdadera satisfacción: Dios
“El entendido en la palabra hallará el bien, Y el que confía en Jehová es bienaventurado” (Proverbios 16: 20).
Una vez comentaba con un amigo sobre las vueltas que damos cuando conversamos sobre algunos temas y con cuánta rapidez nos apartamos del punto. Divagar es la expresión que mejor la describe. Pero, ¡cuánto contrasta nuestro proverbio con tal hábito! El proverbista señala dos cosas muy puntuales: entender “la palabra” y confiar en Dios, y que, quien así hace, le irá bien y será feliz. Estos son los binomios del éxito.
La primera parte es traducida en otras versiones como “el que sabe hacer bien algo”, “los que están atentos a la instrucción”, “al que bien administra” o “quien aprende de sus experiencias”. Señala el texto que a este “le irá bien”, “prosperará”, “hallará el bien” o “le suceden buenas cosas”. ¿Por qué? Porque no baja la guardia, no se duerme en los laureles, lo que sabe hacer lo somete al escrutinio de la enseñanza y lo mejora corrigiendo su experiencia. A una persona así indefectiblemente le pasarán buenas cosas. Sin embargo, el paralelismo de la segunda parte señala que igual le sucederá a quien pone su confianza en Dios, su recompensa estará segura: tendrá el gozo que sólo Dios puede dar.
Como lo veo, cada fruto es el producto natural de su cualidad y lo bueno es que ambas se aprenden, las dos exigen concentración, perseverancia, desarrollo y a ambas le subyace un carácter forjado como el hierro a fuego y martillo. El entendimiento y la confianza no son cosas del momento ni decaen con el tiempo para quien las posee y las cuida.
Por tanto, prosperidad y felicidad son posibles si mejoras lo que haces bien y confías en el que da la verdadera satisfacción: Dios. ¿Qué decides?




