Si no es una cosa es la otra: quien deja la ley, está con los impíos; pero quienes la guardan “contenderán con ellos”. No hay forma de quedarse en un punto neutro y en esto
“Los que dejan la ley alaban a los impíos; Mas los que la guardan contenderán con ellos” (Proverbios 28:4).
Hay cosas en la vida de las que nunca podremos escapar. Puede ser que en relación a un tema deseemos ser neutrales, sin inclinarnos para un lado específicamente; pero, ¿es eso lo que pensamos? ¿En el fondo no hay afecto por alguno de los puntos? Posiblemente lo que realmente deseamos es no comprometernos públicamente.
No obstante, el proverbista pone al lector contra la pared ya que se rige por el modelo que recurrentemente muestra la Escritura: si no es una cosa es la otra: quien deja la ley, está con los impíos; pero quienes la guardan “contenderán con ellos”. No hay forma de quedarse en un punto neutro y en esto, la demanda de Dios es clara: se sirve a un señor o al otro. Una vez Elías confrontó al pueblo diciéndoles: “¿Hasta cuándo claudicaréis vosotros entre dos pensamientos?” (1 Reyes 8:21). Otras versiones dicen: “¿Hasta cuándo andaréis cojeando en dos muletas?” (BTX3) y “¿Por cuánto tiempo van a estar cambiando de dios?” (TLA). Y Pablo sigue esta idea diciendo que se siembra para la carne o para el Espíritu (Gálatas 6:8).
¿Qué establece la diferencia? Podría lucir poco evidente, pero en nuestro proverbio es la “ley” la que determina de qué lado nos encontramos. Sin ella reinaría el relativismo y no se discriminaría lo bueno de lo malo. No habría discernimiento posible (Hebreos 5:14).
Hay cosas que caen por su peso y lo dicho es una de ellas. Nadie es inocente en este aspecto: o se está con el impío o en su contra. El lado en el que estamos está determinado por el compromiso con la Palabra de Dios. ¿En qué lado estás?




