Tengo una definición muy clara sobre dar las gracias sinceramente; lo veo como el acto de honrar y motivar a la persona que se esforzó para bendecir nuestra vida
¿Cuántas veces damos las gracias al día? Sinceramente, creemos que nadie las cuenta; sin embargo, lo importante es darlas cada vez que alguien nos bendiga con sus acciones. La Palabra nos enseña que: “Y todo lo que hacéis, sea de palabra o de hecho, hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de él” (Colosenses 3:17. RVR1960). Tengo una definición muy clara sobre dar las gracias sinceramente; lo veo como el acto de honrar y motivar a la persona que se esforzó para bendecir nuestra vida. Ahora bien, ¿qué pasa por la cabeza de aquella persona que no le gusta ser agradecido? Un hombre o mujer agradecido saca lo mejor de su corazón, y una de esas palabras es Gracias.
Nadie debe estar por encima de otro o considerarse superior. En este momento, aparta un tiempo a solas para reflexionar; si usted ha logrado respirar, ha visto la luz del sol, y, sobre todo, ha podido amanecer junto a los suyos, entonces, ¿estás motivado a bendecir o maldecir? Por ende, a bendecir de continuo, considero que al dar las gracias activamos un escudo protector y a la vez levantamos un pendón de libertad que se observa desde el trono. Un malagradecido a menudo hiere y vive resentido por todo y de todos; nadie tiene un hueso sano para este colectivo corrosivo que representa muy bien su bandera de amargura y rabia.
Hay gente que se maldice sin abrir la boca; le cuesta pronunciar una frase en plural expresivo: ¡Buenos días, buenas tardes o buenas noches! O, también podría ser: ¡Felices fiestas!, etc.; claro que es posible cambiar, todos podemos ser mejores personas. Por cierto, ¡gracias por leer y compartir cada uno de mis artículos! Es real es una columna de bendición, solamente busco fortalecer, inspirar y edificar con hechos fidedignos; y, sobre todo, exaltar el nombre de nuestro SEÑOR JESUCRISTO. Es oportuno dar las gracias a mi amigo, hermano y pastor Georges Doumat; un guerrero, de los valientes de DIOS, y un hombre con un corazón digno de imitar… ¡Gracias, Gio!, como siempre le digo con sumo cariño y respeto.
En otras palabras, cuando la cortesía no existe en la persona; lamentablemente, está manifestando cuánto se odia a sí misma. Dar las gracias es honrar y motivar a aquel ser que se humilló ante DIOS para bendecir nuestra vida. Cuando pronunciamos esta palabra se abre una puerta inimaginada hacia la felicidad real. Es preponderante reconocer que debemos vencer a los demonios que se oponen para que no digamos… ¡Gracias! Tenemos la gran responsabilidad de acabar con ese osco orgullo que carcome los huesos y no deja crecer a nadie; es este quien no permite que seamos amables. Por ello, desde hoy, no contengas tu boca para decir un estruendoso ¡MUCHÍSIMAS GRACIAS!; eso sí, siempre cierra ese acto celestial con tu mejor sonrisa.
Amigo y amiga que me has leído otra vez, recibe un ¡GRACIAS!, sin fingimiento, y quiero que sepas que al escribir te estoy sonriendo.




