No tiene sentido darle a la Iglesia la bendición del Viejo Pacto, tenemos un Nuevo Pacto, con su propia bendición
“Habla a Aarón y a sus hijos y diles: Así bendeciréis a los hijos de Israel, diciéndoles: Jehová te bendiga, y te guarde; Jehová haga resplandecer su rostro sobre ti, y tenga de ti misericordia; Jehová alce sobre ti su rostro, y ponga en ti paz” (Números 6:23-26).
El Señor nuestro Dios, mandó a Aarón a bendecir al pueblo de Israel, con las palabras de nuestro texto inicial, y así se hizo todo el tiempo del Antiguo Testamento. Pero sabemos que la Iglesia pertenece a otra dispensación, y que la ley, y todo lo escrito esconde los “tipos y sombras” de lo que estamos viviendo en el tiempo de la Iglesia. Podemos decir que la bendición sacerdotal de Aarón, la Iglesia la ha alcanzado, el Señor ha tenido misericordia llamándonos a su redil, tenemos la paz de Cristo, y a través del Espíritu Santo, el Señor resplandece sobre sus santos.
En el Nuevo Testamento está la bendición sacerdotal completa, que el Señor tiene para sus escogidos. Es una bendición que nunca imaginaron los hombres y mujeres de Dios de la antigüedad, una bendición que trae sobre los hijos de Dios, todo lo que Dios ha dado a la Iglesia. Esa bendición es: “La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios, y la comunión del Espíritu Santo sean con todos vosotros. Amén” (2ª Corintios 13:14). Aquí está resumido maravillosamente lo que es la Iglesia, y que separa la Gracia de la Ley.
Israel no alcanzó la Gracia de Jesús, ellos estaban bajo la ira de Dios, porque los que estaban bajo la Ley, estaban bajo maldición, dice la Palabra. Y la comunión del Espíritu Santo, es solamente para la Iglesia a través de Cristo. No tiene sentido darle a la Iglesia la bendición del Viejo Pacto, tenemos un Nuevo Pacto, con su propia bendición. “El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias” (Apocalipsis 3:6).




