La raíz del problema no es sólo una estructura, sino el corazón humano cuando se aleja de Dios. Por eso la Escritura insiste en el carácter, la humildad y el servicio
A lo largo de la historia del cristianismo, en todas sus expresiones, han existido momentos donde hombres han ocupado posiciones de liderazgo y, en algunos casos, han caído en corrupción, abuso de poder o amor al dinero.
La Biblia no es ajena a esto. Jesús mismo advirtió sobre líderes que buscaban honra, y los apóstoles alertaron sobre falsos maestros y corazones desviados.
Sin embargo, esto no invalida a Cristo ni su evangelio.
La raíz del problema no es sólo una estructura, sino el corazón humano cuando se aleja de Dios. Por eso la Escritura insiste en el carácter, la humildad y el servicio.
El diseño bíblico del liderazgo es claro: “equipar a los santos para la obra del ministerio” (Efesios 4:12), no reemplazar a Cristo ni dominar sobre la fe de otros.
La Iglesia pertenece a Cristo. Él es la cabeza, Él es el Señor, y Él sigue guiando a su pueblo por medio de su Espíritu y su Palabra.
Por eso, la verdadera reforma no es sólo histórica ni institucional.
Es continua y espiritual: volver a Cristo, volver a su Palabra y vivir bajo el señorío de Jesús.
Carlos Vielma
Pastor

