Hoy muchos falsos profetas, enseñan las promesas de Dios como automáticas, todo lo que dice la Palabra de Dios, ya es nuestro por fe. Esto es una media verdad
“Dijo entonces Jesús a los judíos que habían creído en él: Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres” (Juan 8:31-32).
No hay duda de la fidelidad de las promesas de Dios, el Señor es fiel a su Palabra, y esta no volverá vacía. Pero el diablo sabemos que es un engañador, que hará todo lo posible para confundir a los creyentes y robarles las bendiciones de Dios. Hoy muchos falsos profetas, enseñan las promesas de Dios como automáticas, todo lo que dice la Palabra de Dios, ya es nuestro por fe. Esto es una media verdad, lo que significa que está tergiversado.
Muchos dan por sentado, que todos tenemos la mente de Cristo, también que conocemos a plenitud la Verdad, porque una vez hicimos una oración aceptando a Cristo. Pero lo cierto es que no es así, sino que cada promesa tiene una condición que debemos cumplir para poder alcanzarla. Tendremos la mente de Cristo, cuando nos esforcemos en la renovación de nuestro entendimiento, cambiado nuestra manera de pensar y de ver las cosas, por la de Dios.
Seremos nuevas criaturas en Cristo, cuando por el Espíritu hagamos morir las obras de la carne, en obediencia a la Palabra de Dios. En nuestro texto inicial, Jesús les habla a algunos judíos que habían creído en Él, y les dice: “Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres”. Estaban allí con Cristo, habían creído en Él, pero sólo conocerían la Verdad, permaneciendo fieles a la obediencia a su Palabra.
¿Quieres la promesa de protección? Entonces tienes que empezar a vivir “al abrigo del Altísimo”, ¿Quieres tener la mente de Cristo? Pablo tuvo que desechar todo lo que él había aprendido, tenerlo por basura, para poder ser llenado del conocimiento de Cristo. Pablo escribió: “Y ciertamente, aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo” (Filipenses 3:8).
Tenemos mucho trabajo por hacer.
¡Dios te bendiga!!!




