La motivación al orar, Néstor A. Blanco S.

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Nunca debemos orar para impresionar a las personas, la oración no fue creada para eso

Es supremamente importante que tengamos en cuenta que el Señor considera seriamente la motivación de nuestra oración. Por eso recordó a sus seguidores: “Y cuando ores, no seas como los hipócritas”. No debemos orar para que la gente crea y se convenza de que somos más “espirituales”; o para torcerle el brazo a Dios, a fin de que nos conceda una petición. Toda intención que no sea la de humillarnos ante su augusto señorío estará contaminado y se convertirá en cualquier otra cosa menos en oración. Nunca debemos orar para impresionar a las personas, la oración no fue creada para eso.
Por otra parte, el Señor establece la diferencia entre nuestras peticiones rutinarias y la devoción que implica una vida de oración: “…Mas tú, cuando ores, entra en tu aposento, y cerrada la puerta, ora a tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público”. Es una expresión lapidaria en la cual el Señor hace una cuidadosa separación entre aquellas oraciones distraídas y la vida de oración. Son oraciones que hacemos como marcas sociales de una religiosidad, sin que signifiquen necesariamente, intimidad con Dios. Oramos antes de comer, al ir a la cama, al salir de viaje, para pedir sanidad, etc. Son, pues, oraciones signadas por lo utilitario, sin que haya necesariamente entrega del corazón.

Néstor A. Blanco S.
Pastor y escritor

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