“La oración, -decía Bounds- es una obra humillante. Abate el intelecto y el orgullo; crucifica la vanagloria y señala nuestra bancarrota espiritual”
Edward Mckendrie Bounds, mejor conocido como E. M. Bounds, es un nombre que usted no debe olvidar. Hombres de esta estatura deben tener un lugar primordial en la iglesia de hoy. Escribió nueve libros, de los cuales siete fueron acerca de la oración. No pierda de vista su trayectoria, fue un varón de Dios que vivió para orar, para enseñarnos a orar y para desvelar las profundidades y los misterios de la oración. Perteneció a esa clase de personas que pasan por el mundo y dejan huellas indelebles sin hacer ruido. De él se ha dicho: “…No hay hombre, de los que han vivido desde el tiempo de los apóstoles, que le haya sobrepasado en las profundidades de su maravillosa búsqueda dentro de la vida de oración”.
La primera vez que un libro suyo cayó en nuestras manos percibimos de inmediato que estábamos delante de un verdadero apóstol, un especialista de la oración; porque cuando un hombre ha estado en la presencia de Dios en oración como él lo estuvo, forzosamente transmite esa presencia, tal como sucedía con Moisés: “…Y al mirar los hijos de Israel el rostro de Moisés, veían que la piel de su rostro era resplandeciente; y volvía Moisés a poner el velo sobre su rostro, hasta que entraba a hablar con Dios”.
“La oración, -decía Bounds- es una obra humillante. Abate el intelecto y el orgullo; crucifica la vanagloria y señala nuestra bancarrota espiritual. Todo esto es, para la carne, duro de soportar. Es más fácil no orar que soportar la humillación”.




