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La vida es breve, Liliana González de Benítez

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Vivimos como si nunca fuéramos a morir. La gran mayoría de los seres humanos nos aferramos apasionadamente a la fugacidad de la vida. Idolatramos la juventud, exaltamos la belleza, somos codiciosos, agresivamente egoístas y amontonadores. Nos pasamos la vida atesorando bienes como si nos los fuéramos a llevar a la eternidad. Nada de lo que valoramos con nuestros sentidos dura para siempre, hasta el cuerpo y la salud tienen fecha de caducidad.
Después de meditar profundamente, el rey David le dijo a Dios: “Señor, hazme saber qué fin tendré y cuánto tiempo voy a vivir, para que comprenda cuán breve es mi vida. Me has dado una vida muy corta. ¡Todo hombre dura lo que un suspiro!… de nada le sirve amontonar riquezas, pues no sabe quién se quedará con ellas. Y así Señor, ¿qué puedo yo esperar? ¡Mi esperanza está en ti!” (Salmo 39: 4-7).
David comprendió que el que tiene a Dios tiene la vida. Y Jesús lo ratificó cuando nos pidió hacer riquezas en el cielo donde el ladrón no puede entrar ni la polilla destruir. Hace poco viajé y compré un costoso perfume que me encanta, a los pocos días de mi regreso, sentí un impulso de regalárselo a una buena amiga y hermana en Cristo. Supe que ese deseo lo puso Dios en mi corazón, así que lo di con generosidad y alegría. Eso es lo que nos pide el Señor, que no nos aferremos a las cosas, porque las verdaderas riquezas no son de este mundo.
Jesús dijo: “Cuídense ustedes de toda avaricia; porque la vida no depende de poseer muchas cosas” (Lucas 12:15).
Dios no está en contra de la riqueza, de hecho, a lo largo de la Biblia vemos cómo prosperó a hombres y mujeres que le fueron fieles, y que no ataron su corazón al dinero. Abraham disfrutó de una gran bonanza económica, Salomón fue el rey más rico de su tiempo, y Ester, siendo huérfana e hija adoptiva, se convirtió en reina de Persia y de Media al casarse con el rey Asuero. Ella desestimó su belleza, juventud, joyas, vestidos, lujos, y por amor a Dios y a sus hermanos, puso en riesgo su propia vida para salvar al pueblo judío de una gran matanza.
Si quieres ser rico delante de Dios, no codicies ni acumules cosas aquí en la tierra, donde la polilla destruye y las cosas se echan a perder, y donde los ladrones entran a robar (Mateo 6:19). Disfruta de lo que no puedes comprar con dinero. Y vive como si Jesús viniera a pedirte cuentas esta misma noche. Procura que te encuentre en paz con tus hermanos, con tu lámpara encendida, sirviéndole y cuidando cual fiel mayordomo de lo que ha puesto en tus manos. 

Liliana González de Benítez
Periodista y autora
lili15daymar@hotmail.com

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