Podemos entender que nos conectamos con lo que amamos, y si amamos lo que no es de Dios, la conexión se llama atadura
“Aconteció que cuando él hubo acabado de hablar con Saúl, el alma de Jonatán quedó ligada con la de David, y lo amó Jonatán como a sí mismo” (1 Samuel 18:1).
El alma de Jonatan y la de David quedaron ligadas, por la afinidad que hubo entre los dos, una especie de admiración, respeto, y un amor como a sí mismo. Dios nos revela este misterio, que nos abre espacios de entendimiento, sobre los “mecanismos” espirituales y cómo funcionan.
Nuestra alma se liga o conecta a lo que amamos, a lo que nos atrae, esto está registrado también cuando Siquem, se enamoró de Dina la hija de Jacob, después de abusar de ella, dice así: “Pero su alma se apegó a Dina la hija de Lea, y se enamoró de la joven, y habló al corazón de ella” (Génesis 34:3). Podemos entender que nos conectamos con lo que amamos, y si amamos lo que no es de Dios, la conexión se llama atadura.
Podemos entender por qué debemos amar a Dios sobre todas las cosas, para que nuestra mayor conexión sea con el Espíritu Santo. En el espíritu, las ligaduras espirituales están a la vista, estamos desnudos delante de Dios, esas conexiones del alma declaran quiénes somos.
Recordemos que la gente será condenada por lo siguiente: “Y esta es la condenación: que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas” (Juan 3:19). La condenación no será por no amar a Cristo, sino por amar más lo que no es de Dios, son las multitudes que dicen seguir a Jesús, pero Cristo no es lo más importante para ellos. Por eso el mandamiento: “amar al prójimo como a ti mismo, y a Dios sobre todas las cosas”.
¿Qué estás haciendo? ¿Dónde estás parado?
¡Dios te bendiga!!!




