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Lo que Dios no hace por ti, Otoniel Font

Siempre, para que el milagro ocurra, hay una parte que tú tienes que hacer, una parte que tienes que entregar, ya sea espiritualmente, emocionalmente, con tus acciones

Todos, en alguna época o temporada de nuestra vida, hemos vivido momentos devastadores, que nos hacen cuestionar a Dios, nuestro futuro, nuestro mundo, nuestros sueños, nuestras visiones. Y, a veces, sin darnos cuenta, renunciamos a lo que Dios nos ha prometido, simplemente, por las circunstancias que estamos viviendo. Hay cosas que son tan complicadas, que realmente pensamos que esa es la mejor opción. Pero hasta hoy. Le creo a Dios contigo que, en esta hora, Él hará una obra poderosa en tu vida, y que tú tomarás la decisión de creer por encima de todas tus circunstancias.
“Él creyó en esperanza contra esperanza, para llegar a ser padre de muchas gentes, conforme a lo que se le había dicho: Así será tu descendencia. Y no se debilitó en la fe al considerar su cuerpo, que estaba ya como muerto (siendo de casi cien años), o la esterilidad de la matriz de Sara. Tampoco dudó, por incredulidad, de la promesa de Dios, sino que se fortaleció en fe, dando gloria a Dios, plenamente convencido de que era también poderoso para hacer todo lo que había prometido; por lo cual también su fe le fue contada por justicia” (Romanos 4:18-22).
Abraham, el padre de la fe, como todos nosotros, vivió momentos complicados, momentos difíciles. Estos versos nos dicen que Abraham tiene dos esperanzas: la que le brindan las circunstancias, y la que le brinda la promesa de Dios. Y Abraham tiene que escoger, decidir cuál de las dos esperanzas va a llenar su sueño, de cuál él se va a alimentar.  Abraham decide que sus circunstancias no son lo que va a alimentar su imaginación, su visión, su sueño para el futuro; toma la decisión de cortar de su mente, de sus pensamientos aquellas circunstancias que estaba viviendo, y solo creerle a Dios por la promesa que le había dado.
Abraham comenzó a decir: aunque mi cuerpo esté muerto, aunque Sara no pueda dar a luz, la promesa se va a cumplir. ¿Qué le decían las circunstancias? Que no podía, que no lo iba a lograr, que no lo tendría. Pero Abraham comenzó a depender y a fortalecerse en la fe, creyendo en las promesas de Dios. Abraham le dio la espalda a las circunstancias, permitiendo que las promesas de Dios sean lo que alimente su mente, su sueño, sus pensamientos, y comenzó a caminar hacia ellos; comienza a dejar la dependencia de la carne, del mundo natural, y comienza a depender solo de Dios.  Mientras Abraham en el mundo natural tenía posibilidades, dejó de depender de Dios; comenzó a intentar resolver las cosas por su cuenta, y trajo un grave problema a su vida, trajo dificultades, se atrasó el proceso. Pero Abraham tomó la decisión correcta, que tú tienes que tomar hoy. Dios no iba a tomar esa decisión por Abraham.
Los milagros de Dios son posibles para tu vida, las intervenciones divinas son posibles todavía hoy. De la misma forma que Dios lo hizo con Abraham, lo puede hacer contigo; pero siempre, para que el milagro ocurra, hay una parte que tú tienes que hacer, una parte que tienes que entregar, ya sea espiritualmente, emocionalmente, con tus acciones. A veces, es una combinación de cosas que Dios requiere que tú hagas, cosas que van a demostrar tu estado espiritual, emocional, de lo que le crees a Dios. El amor de Dios es incondicional. Incondicionalmente, Dios amaba a Abraham; tuviera un hijo o no, Dios amaba a Abraham. Dios lo iba a amar a pesar de acostarse con la sirvienta, a pesar de haber relegado a su esposa en un momento dado, a pesar de sus errores. Eso es lo que algunos no entienden; el amor de Dios es incondicional, a pesar de todo lo que tú hagas, de lo que vivas. Él te ama, a pesar de que le falles, cometas errores. Él te ama, pero hay cosas que tienes que hacer que demuestran tu fe y te posicionan para recibir el milagro correcto en tu vida. Abraham comenzó a depender y a creer más en las promesas de Dios, que en sus circunstancias. Eso es una decisión personal, una que tú tienes que hacer; Dios no lo puede hacer por ti.
Muchos quieren que Dios cambie sus circunstancias o que Dios elimine sus circunstancias porque, entonces, lo que les quedaría serían las promesas de Dios; piensan que así les sería más fácil creer. Pero la vida no funciona así. Dios no elimina la circunstancia, pero la circunstancia que estás viviendo no detiene la promesa de Dios para ti. Y es una decisión personal que tú tienes que tomar, de comenzar a permitir que sean las promesas de Dios las que llenen tu imaginación.
Hay restitución para ti. Hay restitución económica para tu vida. Es posible recuperar lo perdido. Hay quienes hoy están alimentando sus sueños con las circunstancias, con las pérdidas, y se han convertido en pesadillas. Has visto lo que has perdido y eso llena tu cabeza, tu mente, tus pensamientos, y tratas de vivir fuera de eso, pero como que no lo puedes detener; está ahí y no sabes qué hacer, qué va a pasar. Hoy es el día de decir: hasta aquí; Dios va a restituir mi vida económicamente; lo perdido, lo voy a recuperar.
“Y os restituiré los años que comió la oruga, el saltón, el revoltón y la langosta, mi gran ejército que envié contra vosotros. Comeréis hasta saciaros, y alabaréis el nombre de Jehová vuestro Dios, el cual hizo maravillas con vosotros; y nunca jamás será mi pueblo avergonzado. Y conoceréis que en medio de Israel estoy yo, y que yo soy Jehová vuestro Dios, y no hay otro; y mi pueblo nunca jamás será avergonzado” (Joel 2:25-27).
Hoy es el día de tomar esta promesa y agarrarte de ella y llenar tu mente de esta promesa y creerle a Dios a pesar de las circunstancias que estás viviendo. Hoy Dios te puede levantar. No importa la pérdida económica que hayas tenido, la pérdida de tu negocio, te puedes volver a levantar. No permitas que las circunstancias y lo vivido te haga soñar con pesadillas, te haga ver problemas, dificultades, y que tu mente se llene única y exclusivamente de eso. Hoy es el día de decir: le voy a creer a Dios en esperanza contra esperanza, voy a creer por encima de todas las circunstancias difíciles, voy a creer que la promesa de Dios es real, que se cumple y que voy a ser restituido.  Créelo dondequiera que estés. Decide creerle a Dios a pesar de lo que ocurra.
O tus circunstancias o tus promesas llenan tu esperanza, llenan tus sueños, llenan tu mente; tú escoges, tú decides. Y todo proceso devastador económico, puede hacerte tener pesadillas todos los días. Que sean las promesas de Dios para tu vida las que llenen tu mente y alimenten tus sueños.
Créele a Dios también por la sanidad de tu cuerpo. No es la voluntad de Dios que tu cuerpo esté enfermo. Cuando una persona enferma, pasan varias cosas:
La enfermedad te roba el tiempo. Te roba días productivos, días de trabajo, se te acorta el tiempo, los días.
Se gasta el dinero que podrías invertir en otras cosas. El dinero se tiene que podrías invertir en tu familia, se redirigir hacia eso.
Te vuelves el centro de todo. Y eso tenemos que romperlo.
Por eso, Dios te quiere sano. Estamos creyendo por un milagro económico de restauración, y un milagro de sanidad sobre tu vida para que no pierdas ni un minuto más.
Dice la Biblia que la mujer del flujo de sangre lo había intentado todo y había gastado todo su dinero y aún le iba peor. Intentó en todos los lugares, por doce años caminó con flujo de sangre. El efecto directo fue pérdida de dinero, mayor frustración, mayor problema. Pero un día creyó y fue sanada.
Ya sea que tus circunstancias económicas o de enfermedad sean las que estén alimentando tu mente, hoy toma la promesa de Dios. Oramos contigo para que haya restitución y sanidad. Toma hoy la decisión de creerle a Dios por la restitución de lo perdido y la sanidad de cuerpo. Dios va a obrar en tu vida.

Otoniel Font
Pastor, escritor y conferencista

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