Lo que Dios quiere traer a tu vida, Otoniel Font

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“Las que son mis ovejas, oyen mi voz; y yo las conozco, y ellas me siguen. Y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano” (Juan 10:27-28)

Dios quiere traer dos cosas a tu vida: que aprendas a escuchar y a reconocer Su voz, y que tengas oídos sordos ante el ruido del mundo. Esto es muy importante, porque cuando ejercitas este músculo, logras fortalecer tu relación con Él y podrás mantenerte en el camino que quiere para tu vida.
Lo cual a nosotros nos tiene que dar una enseñanza muy grande. Hay un montón de voces en tu vida que van a querer influenciarte, hay un montón de voces que van a querer sacarte del redil.
Hay un montón de voces que van a querer sacarte, y tú y yo tenemos que aprender a saber cuáles son las voces que están dirigiendo nuestros corazones, cuáles son las voces que están dirigiendo nuestra mente. Tú no te puedes dejarte dirigir por cualquier voz allá afuera; tú tienes que cerrar la puerta de tus oídos y sólo aprender a escuchar la voz de Dios, tener la relación suficiente con Dios para tú poder entender cuándo es Él quien te habla, cuándo es Él que te está diciendo, para que puedas salir en el momento preciso y seguirlo a Él, y no vaya a ser que algún día te encuentres en otro redil que no es el que tú deberías estar.
En este capítulo (Juan 10), Jesús utiliza estas dos declaraciones; enfoquémonos en la primera cuando Él dice: ‘Yo soy la puerta de las ovejas’. Para entender el contexto de lo que está ocurriendo, tenemos que transportarnos por un momento a aquellos tiempos y lo que representaba ser pastor y la referencia a lo que era el lugar de las ovejas donde ellas se cuidaban. Cuando nosotros estudiamos la tradición, específicamente aquí, nos está hablando de unos corrales que se construían cerca de las ciudades, donde allí se ponían las ovejas, especialmente durante la noche, para entonces al otro día salir y llevarlas a pastar. Era el lugar donde los pastores llevaban sus ovejas. No necesariamente entraban en la ciudad, sino que se quedaban en estos corrales grandes a las afueras de la ciudad.
Estos corrales tenían unas cosas peculiares, eran unos corrales que estaban construidos de piedras, era un círculo, un semicírculo, estaban construidos con piedras, con unas grandes murallas; puedo decir que hacía que fuera difícil entrar y robarse una oveja. Por eso es que Jesús hace la aclaración en este capítulo y dice: ‘Sabes qué, hay gente que entra a hurtar las ovejas, hay gente que roba las ovejas, hay gente que trata de cruzar estas verjas para robarse las ovejas, pero al mismo tiempo hay gente que se roba las ovejas con su voz, hay gente que tratan de robarse las ovejas, pero las que son mías no permite que nadie se las lleve porque reconocen mi voz’.
Ahora, la peculiaridad de este lugar en particular era que no tenía una puerta, es decir, no tenía una puerta que se cerrara con llave. Así que era un semicírculo o un círculo con una entrada, y lo que se hacía en aquellos tiempos era que cuando tú ponías tus ovejas allá dentro, el pastor se paraba frente a la puerta y el pastor se convertía en la puerta de las ovejas. De esa manera, en la noche se dice que los pastores se acostaban frente a esa abertura y entonces, si alguien venía a entrar a robar alguna oveja, tenía que entrar por encima del pastor; el pastor se despertaba y defendía sus ovejas. Era una manera de decir: ‘Yo vengo a proteger las ovejas, yo vengo a cuidar de mis ovejas’. Así que el pastor se convertía en la puerta principal a través de la cual la oveja entraba o la oveja salía, y era la forma de cuidar de que nadie se llevara una oveja del redil.
Hay otro detalle curioso, es que muchos de estos corrales eran corrales, podemos decir, comunes, donde varios pastores ponían sus ovejas en el mismo lugar, lo interesante es que las ovejas, a diferencia de otros animales, responden sólo a la voz de su pastor. Las ovejas modernas, si usted las ve, están marcadas en las orejas, pero en aquellos tiempos no era necesario marcar las ovejas porque hay un detalle muy curioso de ellas: las ovejas sólo responden a la voz de su pastor. Así que podían llegar tres pastores, cuatro pastores, con cada uno 20 ovejas, meterlas dentro de este corral, y al otro día, ¿cómo tú identificabas quién era la oveja de quién? Lo interesante es que las ovejas sólo responden a la voz del pastor. Así que el pastor se paraba frente a la puerta y cuando llamaba sólo sus ovejas respondían.

 Otoniel Font
Pastor, escritor y conferencista

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