Nadie puede fortalecer el espíritu sin una vida de oración, y la oración más poderosa es la que se hace de madrugada, porque lleva implícito el sacrificio de dejar el sueño
“No ames el sueño, para que no te empobrezcas; Abre tus ojos, y te saciarás de pan” (Proverbios 20:13).
En este mundo no podemos tener todo al mismo tiempo, hay que sacrificar unas cosas para poder tener otras. Todo dependerá de nuestras prioridades, y de los propósitos que nos propongamos en nuestra vida. Si queremos fortalecer el espíritu, tendremos que dejar de lado lo que es de la carne, esa es la diferencia entre la vida y la muerte. Nadie puede fortalecer el espíritu sin una vida de oración, y la oración más poderosa es la que se hace de madrugada, porque lleva implícito el sacrificio de dejar el sueño. Por eso el Señor nos exhorta a no amar el sueño, porque eso nos traerá pobreza espiritual.
Es la oración el motor principal de todo lo que nos propongamos hacer, para nosotros y para la obra de Dios. Sin oración el fracaso está garantizado, el Señor Jesús nos dio el ejemplo, con su vida de oración y sus noches de intimidad con el Padre. Si Jesús necesito apoyar su ministerio con una vida de oración, cuánto más sus seguidores lo necesitan para andar en sus pasos.
Para poder tener una vida de oración, es necesario una rutina, hacer un horario, de otra manera no funcionará. David sabía la importancia de la oración, y escribió: “Dios, Dios mío eres tú; de madrugada te buscaré; mi alma tiene sed de ti, mi carne te anhela, en tierra seca y árida donde no hay aguas, para ver tu poder y tu gloria, así como te he mirado en el santuario” (Salmo 63:1-2). El maná es un gran ejemplo de esto, había que madrugar para poder recogerlo, cuando salía el sol se derretía, quien no lo recogía de madrugada, ya no lo podía tener.
Cristiano que no ora está sujeto a las circunstancias, llevado por la corriente de aquí para allá, terminará arruinado espiritualmente, como dice nuestro texto inicial.
¡Dios te bendiga!!!




