No somos hijos únicos

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Dios, quien es Rey de reyes, creador y sustentador de todo cuanto hay, es, al mismo tiempo y sin contradicciones, no sólo nuestro Dios, sino nuestro papá

En un intento de obediencia por rescatar el mandato de Jesús cuando nos entregó el Padrenuestro, vamos a introducirnos en los elementos constitutivos de lo que debe ser la oración de un cristiano. “Padre nuestro que estás en los cielos, Santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra. El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy. Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal” (Mateo 6:9-13).
Lo primero que nos impresiona es la palabra “Padre” al comenzar la oración. Eso es un novedoso aporte que hace Jesús.  La tradición judía hasta había olvidado el sonido original del nombre de Dios en un esfuerzo “reverente” por no tomar en vano el nombre del Altísimo. Lo más interesante de esto es que la palabra que establece Jesús al comienzo de la oración es “abba”, un vocablo arameo que representaba la forma más pura e inocente con la que los niños llamaban a su padre. Es decir, Dios, quien es Rey de reyes, creador y sustentador de todo cuanto hay, es, al mismo tiempo y sin contradicciones, no sólo nuestro Dios, sino nuestro papá. De manera que la primera lección que Jesús nos da en cuanto al contenido de nuestra oración con la estructura del padrenuestro es: Soy tu Dios y también tu papá, no debes tener miedo. Debes venir en confianza.

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