La fe nunca es perfecta, por lo general está mezclada con la incredulidad
Gota: “¡Sí creo! exclamó de inmediato el padre del muchacho, ¡Ayúdame en mi poca fe!” (Marcos 9:24).
¡Sí creo! … ¡Ayúdame en mí poca fe! La fe nunca es perfecta, por lo general está mezclada con la incredulidad. Admitiendo la imperfección de su fe y con todas sus dudas, el desesperado padre suplicó a Jesús que lo ayudara a tener la gran fe que el Señor demandaba de él.
Si usted puede mirar detalladamente la “galería de la fe” en Hebreos 11 verá a esos grandes hombres de fe que allí se describen, pero también podrá darse cuenta que todos ellos tenía puntos débiles en su fe.
Por ejemplo, tomando a uno de ellos, la Biblia nos describe a Abraham como el padre de la fe. Podemos ver en Génesis 12:10-20 que estando en Canaán la escasez y el hambre asolaron fuertemente esa región, él tuvo que irse a Egipto y allí por temor mintió sobre su esposa. Pero luego en Génesis 13:1-4 vemos cómo Abraham se recupera de este resfriado espiritual regresando de nuevo a la comunión con Dios. Dice que invocó Abram el nombre de su Señor.
La Biblia nos dice en Romanos 8:32, “El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no habrá de darnos generosamente, junto con él, todas las cosas?”. Y en Mateo 6:33, “Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas”.
Valor: Es probable que en más de una ocasión usted ha flaqueado en su fe, le animo para que usted vuelva a su lugar de compromiso con el Señor, a su Betel, por decirlo así, e invoque el nombre del Señor.
Dios le bendiga.
Ramón Tovar
Pastor y columnista
tramon63@gmail.com



