Más que para “conseguir” cosas de Dios, debemos orar para conseguir a Dios
El apóstol Pablo le explica a su discípulo Timoteo que los diferentes “formatos” de oración se fundamentan en la naturaleza de Dios. “… Exhorto ante todo, a que se hagan rogativas, oraciones, peticiones y acciones de gracias, por todos los hombres” (1ª de Timoteo 2:1-4).
En nuestra oración tenemos la oportunidad de conocer a Dios y, además, de entender cómo es que Él nos conoce. Esto no podría realizarse con plegarias utilitarias, interesadas y distraídas. Es necesario que aprendamos a desarrollar la capacidad de convertir los momentos de oración en hermosas oportunidades de ESTAR en la presencia del Señor.
El rey David, un hombre que conocía la vida de oración lo expresó así: “…Suba mi oración delante de ti como el incienso, el don de mis manos como la ofrenda de la tarde” (Salmo 141:2).
Más que para “conseguir” cosas de Dios, debemos orar para conseguir a Dios. Todos podemos vencer en esa lucha tenaz que se produce en nuestro interior cuando separamos tiempo para estar en oración. Debemos mantener claramente el objetivo y la visión de la oración, los cuales son para conocer a Dios, para que la cercanía a su presencia nos toque como tocó a Isaías y para que su santidad inherente nos produzca cambios sustanciales como se los produjo al profeta.




