
“Porque no duermen ellos si no han hecho mal, y pierden el sueño si no han hecho caer a alguno” (Proverbios 4:16).
Parafraseo esto que leí. Un lobo y un cordero muy sedientos se acercaron a un arroyo. El cordero bebía río abajo y el lobo río arriba. De repente el lobo le reclama al cordero: «¿Por qué enturbias el agua que yo bebo?». El cordero le responde: «¿Y cómo puede ser eso, no ves que el agua corre hacia mí desde donde tú estás? ¿Cómo voy a enturbiarla?». El lobo se queda callado mordiéndose los labios. Al poco rato añadió: «Hace seis meses que me injuriaste». El cordero respondió: «seis meses, seis meses; pero si no tengo más que cinco». «Bien, entonces sería tu padre». E inmediatamente se arrojó sobre su codiciada víctima y la devoró. Esopo agrega: «Cuando los fuertes se empeñan en tener razón, pobre de los débiles».
En la vida real es así: quien más tiene ―riqueza, autoridad o poder― siempre cree tener la razón; y este es el camino de los impíos tal como lo señalan los versículos anteriores a nuestro proverbio. Pero lo lamentable es que estos casos también se dan dentro de la iglesia. Se dice que en un problema entre un pastor y una oveja, la oveja siempre pierde. Y eso es verdad. No es que los líderes sean impíos, sino que hay quienes se comportan ocasionalmente así, sea por temor o por error humano.
Prevenir es la solución. Proverbios 4:14-15 enseña: «No entres por la vereda de los impíos, ni vayas por el camino de los malos. Déjala, no pases por ella; apártate de ella, pasa». La insistencia es tal que lo mejor es atenderla en un caso o en el otro.
Eduardo Padrón
Pastor, comunicador y escritor
edupadron@gmail.com




