El perdón es una categoría espiritual y un fundamento del cristianismo. Sin perdón no hay paz, ni esperanza, ni salvación, ni cielo, ni vida eterna, ¡Ni nada!
“Perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores” (Mateo 6:12). El perdón es una categoría espiritual y un fundamento del cristianismo. Sin perdón no hay paz, ni esperanza, ni salvación, ni cielo, ni vida eterna, ¡Ni nada! La Sagrada Escritura es especialmente hermosa cuando lo describe: “Y a vosotros, estando muertos en pecados y en la incircuncisión de vuestra carne, os dio vida juntamente con él, perdonándoos todos los pecados, anulando el acta de los decretos que había contra nosotros, que nos era contraria, quitándola de en medio y clavándola en la cruz…” (Colosenses 2:13-16).
Siendo que el perdón tiene un profundo valor esencial, merece que su tratamiento sea objeto de un riguroso estudio. Se ha dicho que “el perdón es la fuerza poderosa que remueve el obstáculo espiritual y hace posible que la criatura humana se reconcilie y restablezca su amistad con Dios”.
El perdón como doctrina presupone tres situaciones básicas: 1.- Que somos pecadores y hemos infringido la ley de Dios; 2.- Que hemos reconocido la falta y estamos arrepentidos; y 3.- Que Dios, en su amor y en su gracia ha remitido la nuestra culpa y ha provisto a Cristo, quien es el medio para que lo recibamos y seamos así salvos de la condenación eterna.




