Creo que más claros están aquellos que están siendo perseguidos y muertos por el Nombre de Jesús. Por estos lados estamos en más peligro, por nuestra comodidad, y porque el mundo se muestra hipócritamente amigable
“Entonces dijo Mardoqueo que respondiesen a Ester: No pienses que escaparás en la casa del rey más que cualquier otro judío. Porque si callas absolutamente en este tiempo, respiro y liberación vendrá de alguna otra parte para los judíos; mas tú y la casa de tu padre pereceréis. ¿Y quién sabe si para esta hora has llegado al reino?” (Ester 4:13-14).
En estos momentos hay una persecución a nivel mundial, contra la Iglesia de Jesucristo, en África, en la India, en China, en los países musulmanes del Medio Oriente. Cientos de creyentes están muriendo cada día por sólo creer en el Nombre de Jesús. Nosotros estamos en la otra parte del mundo, donde el mundo no nos mata, sino que la estrategia es muy diferente. El mundo se esfuerza en atraer a los cristianos, ofreciéndoles metas que alcanzar, créditos para esclavizarlos con deudas por años. Cada día salen al mercado nuevas cosas de tecnología que atraen nuestra atención, la publicidad es brutal, usando todos los conocimientos de sicología, para manipular la mente y emociones, a fin de mantener a la gente comprando y comprando.
Es una corriente difícil de eludir, si alguien no quiere correr en esa dirección, es segregado por el resto de los que están siendo arrastrados. Las mentes están atadas para que todo se vea como la normalidad, muy pocos piensan por sí mismos, todos están siguiendo una de tantas corrientes de opinión. La iglesia no ha sido inmune, hay tantos cristianos siguiendo metas que Dios nos les mandó, y tantos que han alcanzado esas metas y piensan que están bendecidos.
Hay que recordar a mucha gente: “Ninguno puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas” (Mateo 6:24). También dijo el Señor: “Así, pues, cualquiera de vosotros que no renuncia a todo lo que posee, no puede ser mi discípulo” (Lucas 14:33). El evangelio no se trata de los bienes que el hombre posee, sino de dejar todo para seguir a Cristo. Se trata de que seamos en este mundo como extranjeros y peregrinos, esto significa que no pertenecemos aquí.
Creo que más claros están aquellos que están siendo perseguidos y muertos por el Nombre de Jesús, ellos lo tienen muy claro, renuncian hasta a su propia vida por seguir a Jesús. Por estos lados estamos en más peligro, por nuestra comodidad, y porque el mundo se muestra hipócritamente amigable. “El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias” (Apocalipsis 3:6).




