Veamos, cada vez que nos sintamos así, que esto es una oportunidad de acercarnos más a Dios. No lo veamos como una derrota. Por tanto, pongamos nuestra esperanza en Él
Salmo 42:11 (NTV): “¿Por qué estoy desanimado? ¿Por qué está tan triste mi corazón? ¡Pondré mi esperanza en Dios! Nuevamente lo alabaré, ¡mi Salvador y mi Dios!”.
Nadie puede decir que nunca se ha desanimado o decepcionado en la vida. Todos de una manera u otra lo hemos experimentado.
Cuando nos encontramos decaídos, en medio del desánimo, todos tendemos a hablarnos a nosotros mismos. Y decimos expresiones como: “Vamos JULIO, tú si lo puedes hacer”.
A veces es sólo mentalmente y otras veces a viva voz. Y así lo han hecho muchos en la historia, e incluso en la Biblia.
El rey David decía: ¿Por qué voy a inquietarme? ¿Por qué me voy a angustiar? En Dios pondré mi esperanza y todavía lo alabaré. ¡Él es mi Salvador y mi Dios! (Salmo 42:5. NVI).
Ahora, qué le aconsejo cuando tenga esas conversaciones con usted mismo, que no olvidemos nunca que tenemos a Dios. Y si lo llamamos, Él acude y nos escucha. Él entiende que a veces pasamos por el desánimo. A Él no le decepciona que se nos baje el ánimo, porque sabe que esto es temporal y que somos humanos.
Veamos, cada vez que nos sintamos así, que esto es una oportunidad de acercarnos más a Dios. No lo veamos como una derrota. Amados, somos humanos, démonos un poco de crédito, porque no somos ni seremos perfectos. Sólo Dios es perfecto. Por tanto, pongamos nuestra esperanza en Él.
Cuando estés pasando por problemas, y pasaremos por muchos, no te enfoques en el problema, enfócate en Dios, en Su gran amor por ti y en Su inigualable poder. Él es más grande que cualquier problema o situación por la que estés pasando.
Si lo llamas y le pides ayuda, sentirás Su presencia y Su ayuda. Te dará Su paz y podrás decir que es una paz inexplicable para muchos. Esa paz que viene de la certeza de que eres amado y Dios está en control. Le dejas a Él ese problema o esos problemas y le pides que te los resuelva.
Pero si te indica en tu mente, o en tu corazón, que tú debes tomar acción, que debes hacer algo para resolver ese asunto, no dudes en hacerle caso. Y no es que Él necesite de tu ayuda, pero puede ser que quiera que tú aprendas algo de esa experiencia. Por eso te aconsejo que lo tomes como una oportunidad.
Acércate más a Dios cuando estés desanimado y aprende de la situación. Pídele ayuda a Dios y dile que te indique qué debes hacer y qué puedes aprender de esa experiencia. Todos pasamos por tiempos de desánimo, pero pongamos nuestra esperanza en Dios y alabémoslo y esperemos en Él.
Que tengas un excelente y bendecido día.




